En los tiempos nuevos empezaron a aparecer cada vez más y más esbirros de los Dioses Muertos Mezcaleros, invadieron las ciudades dentro de sus vehículos de ventanales astados y con borlas rojas en las parrillas delanteras, recordando siempre el nacimiento del mesías, “el enviado mezcalero” le llamaban y entonaban himnos confusos y de una sonoridad repetida mientras la saliva se les escapaba por las comisuras de los labios, ya no era necesario escupir su nombre divino, bastaba con tu risa, la de la fuerza sectaria e inocente y en noviembre fue que lo supimos.
Si bien aun ahora se siguen reuniendo con el fervor falso que les caracteriza y cada día su mayoría es más absoluta, la risa los contiene, les confunde y atemoriza, ahora son ellos los que le temen al presente y sufren tan solo con la idea del futuro, del movimiento y del cambio.
Los Dioses Muertos Mezcaleros no están acabados ni mucho menos, de ellos es el paraíso menor que habitan, de ellos es el concepto que no habitan, nuestra es la risa... tuya, sectaria e inocente.
Jordi
martes, 25 de diciembre de 2007
viernes, 21 de diciembre de 2007
Un absurdo, una burla (uno de dos)
Decidieron radicalizar el movimiento… un absurdo, una burla. No había movimiento desde mucho antes de las caídas del sol de octubre, los sectarios inocentes no eran mas que los restos del miedo en el cuerpo de un hombre, unos sectarios absurdos, una burla.
Su sometimiento era absoluto, sus miradas caían ante los Dioses Muertos Mezcaleros desde antes del nacimiento del amanecer y hasta bien entrada la noche en que el sueño les disfraza los motivos para cerrar los párpados. Aún en la ausencia de las divinidades, sus miradas eran esquivas y temerosas, pero seguían hablando de movimiento, seguían haciéndolo de radicalismo, continuaban defendiendo su inocencia y negando su sectarismo, culpando –siempre- a los Dioses, porque de ellos era y es la culpa.
Fuerza faltaba, toda, el sectarismo inocente había perdido asideros, el loro mudo hacía tiempo que había dejado de volar e incluso estaba aprendiendo lo que sería su primera palabra: “love”, pronunciada ridículamente en un inglés texano y tropical, a ésta le siguieron algunas otras, todas siempre pronunciadas en un inglés cada vez más texano y menos tropical, de aquel loro mudo portentoso y guía de aleteos que rompían al viento, solo quedaban siete plumas verdes atadas con un cordel amarillo, faltaba toda la fuerza del silencio, los sectarios inocentes, lejos de tener un movimiento, lejos siquiera de tenerse así mismos, tenían al miedo y ni tan solo de él eran dueños.
Los pequeños grupos de inocencia sectaria -siempre reunidos en torno a las palabras- eran incapaces de quebrarle la sonrisa al miedo, ni pensar en la posibilidad de escupir el nombre de los Dioses Muertos Mezcaleros, ni tan solo el de su memoria divina.
Pero eso era antes, en los tiempos viejos.
Es de tu risa de donde nació la fuerza sectaria e inocente…
Su sometimiento era absoluto, sus miradas caían ante los Dioses Muertos Mezcaleros desde antes del nacimiento del amanecer y hasta bien entrada la noche en que el sueño les disfraza los motivos para cerrar los párpados. Aún en la ausencia de las divinidades, sus miradas eran esquivas y temerosas, pero seguían hablando de movimiento, seguían haciéndolo de radicalismo, continuaban defendiendo su inocencia y negando su sectarismo, culpando –siempre- a los Dioses, porque de ellos era y es la culpa.
Fuerza faltaba, toda, el sectarismo inocente había perdido asideros, el loro mudo hacía tiempo que había dejado de volar e incluso estaba aprendiendo lo que sería su primera palabra: “love”, pronunciada ridículamente en un inglés texano y tropical, a ésta le siguieron algunas otras, todas siempre pronunciadas en un inglés cada vez más texano y menos tropical, de aquel loro mudo portentoso y guía de aleteos que rompían al viento, solo quedaban siete plumas verdes atadas con un cordel amarillo, faltaba toda la fuerza del silencio, los sectarios inocentes, lejos de tener un movimiento, lejos siquiera de tenerse así mismos, tenían al miedo y ni tan solo de él eran dueños.
Los pequeños grupos de inocencia sectaria -siempre reunidos en torno a las palabras- eran incapaces de quebrarle la sonrisa al miedo, ni pensar en la posibilidad de escupir el nombre de los Dioses Muertos Mezcaleros, ni tan solo el de su memoria divina.
Pero eso era antes, en los tiempos viejos.
Es de tu risa de donde nació la fuerza sectaria e inocente…
viernes, 14 de diciembre de 2007
Escribo de tí
Intento escribir de ti en ésta noche ausente, la fiebre –que poco a poco- se ha apoderado de mi frente primero, y del resto de mi cuerpo después, me lo impide, en su ayuda un enorme cactus ha empezado a crecer en mi garganta, tanta humedad lo pudre y en el proceso va pudriendo mis palabras, es por eso que he optado por el silencio, el silencio liberador, nunca más las palabras si de mi garganta tienen que nacer palabras podridas.
Escribo de ti en esta noche ausente, pero lo hago con palabras calladas, palabras sin ruido.
Escribo de ti.
Jordi
Escribo de ti en esta noche ausente, pero lo hago con palabras calladas, palabras sin ruido.
Escribo de ti.
Jordi
domingo, 9 de diciembre de 2007
En el centro del abismo
Justo es en el centro del abismo donde se celebra una fiesta de prodigios… la dificultad radica en llegar, la sencillez en permanecer, en mantenerse justo en el centro del abismo.
En el centro del abismo las pestañas no conocen ningún límite y están ahí para envolverte entero, es justo en el centro del abismo donde los ojos solo miran en todas las tonalidades del marrón y también es en el centro del abismo donde todo es sin necesidad de ser.
Tras la Torres de Satélite y en un entronque que parte en circuitos las vialidades contenidas -siempre poniendo la atención necesaria- se puede escuchar la risa, la única risa, y con ella, pequeños y cortos gemidos orgásmicos que invitan, o a la reclusión perpetua o a la vida en el centro del abismo.
Decido.
Vivo en la fiesta que nadie ha preparado, vivo en el centro del abismo, vivo en el centro de tu ombligo.
Jordi
En el centro del abismo las pestañas no conocen ningún límite y están ahí para envolverte entero, es justo en el centro del abismo donde los ojos solo miran en todas las tonalidades del marrón y también es en el centro del abismo donde todo es sin necesidad de ser.
Tras la Torres de Satélite y en un entronque que parte en circuitos las vialidades contenidas -siempre poniendo la atención necesaria- se puede escuchar la risa, la única risa, y con ella, pequeños y cortos gemidos orgásmicos que invitan, o a la reclusión perpetua o a la vida en el centro del abismo.
Decido.
Vivo en la fiesta que nadie ha preparado, vivo en el centro del abismo, vivo en el centro de tu ombligo.
Jordi
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