Decidieron radicalizar el movimiento… un absurdo, una burla. No había movimiento desde mucho antes de las caídas del sol de octubre, los sectarios inocentes no eran mas que los restos del miedo en el cuerpo de un hombre, unos sectarios absurdos, una burla.
Su sometimiento era absoluto, sus miradas caían ante los Dioses Muertos Mezcaleros desde antes del nacimiento del amanecer y hasta bien entrada la noche en que el sueño les disfraza los motivos para cerrar los párpados. Aún en la ausencia de las divinidades, sus miradas eran esquivas y temerosas, pero seguían hablando de movimiento, seguían haciéndolo de radicalismo, continuaban defendiendo su inocencia y negando su sectarismo, culpando –siempre- a los Dioses, porque de ellos era y es la culpa.
Fuerza faltaba, toda, el sectarismo inocente había perdido asideros, el loro mudo hacía tiempo que había dejado de volar e incluso estaba aprendiendo lo que sería su primera palabra: “love”, pronunciada ridículamente en un inglés texano y tropical, a ésta le siguieron algunas otras, todas siempre pronunciadas en un inglés cada vez más texano y menos tropical, de aquel loro mudo portentoso y guía de aleteos que rompían al viento, solo quedaban siete plumas verdes atadas con un cordel amarillo, faltaba toda la fuerza del silencio, los sectarios inocentes, lejos de tener un movimiento, lejos siquiera de tenerse así mismos, tenían al miedo y ni tan solo de él eran dueños.
Los pequeños grupos de inocencia sectaria -siempre reunidos en torno a las palabras- eran incapaces de quebrarle la sonrisa al miedo, ni pensar en la posibilidad de escupir el nombre de los Dioses Muertos Mezcaleros, ni tan solo el de su memoria divina.
Pero eso era antes, en los tiempos viejos.
Es de tu risa de donde nació la fuerza sectaria e inocente…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario