Ahora ya no hay ninguna duda, el viento nace en el Zócalo, justo debajo del asta bandera y se reparte sin proporción por todo el Centro.
Unas cuantas cuadras más allá se acaba el Viento del Centro y con él se acaba el aire, todavía en Garibaldi, en Anillo de Circunvalación, Fray Servando y Reforma (no más allá del Colon) se puede oler y tocar un poco de viento.
Aunque es el mismo, el viento nace y muere cada día, solo lo hace para volver a hacerlo, cerca de la tarde nace y tan solo -entrada la noche- muere.
Nadie sabe más del Viento del Centro que Bolaño, basta con leerle para darse cuenta del nacimiento y de la muerte del viento.
Jordi
viernes, 31 de julio de 2009
viernes, 17 de julio de 2009
Del agua
Ojos de Otoño es a pulsiones, rápidas y potentes, sístole y diástole… de ilimitada fuerza, en ella vive mi casa de ombligo abismal, mi única casa: “Casafamilia”, recoveco del llanto y de las pequeñas trascendencias a las que –a veces, solo a veces- podemos acceder.
Duerme en una terraza junto al mar, bajo arrecifes de coral y algas de un verde plastificado, cada noche cubre su sueño con cobijas desesperadas y repletas de pesadillas obreras, de esas que confunden el tiempo con el espacio y el hambre.
Ojos de Otoño tiene todos los nombres y con ellos hace malabares funambulistas que le permiten cruzar la ciudad descomunal casi todos los días.
Dibuja un cerdo sin diente y una criatura con un solo ojo, flores envueltas en satines pesados y ligeros, pieles de tigres rosas y de víboras moradas, texturas infinitas y diminutos íconos de cuarenta y dos centavitos, Ojos de Otoño nada en la alberca del techo de la Alameda porque ella es del agua y yo soy de ella.
Jordi
Duerme en una terraza junto al mar, bajo arrecifes de coral y algas de un verde plastificado, cada noche cubre su sueño con cobijas desesperadas y repletas de pesadillas obreras, de esas que confunden el tiempo con el espacio y el hambre.
Ojos de Otoño tiene todos los nombres y con ellos hace malabares funambulistas que le permiten cruzar la ciudad descomunal casi todos los días.
Dibuja un cerdo sin diente y una criatura con un solo ojo, flores envueltas en satines pesados y ligeros, pieles de tigres rosas y de víboras moradas, texturas infinitas y diminutos íconos de cuarenta y dos centavitos, Ojos de Otoño nada en la alberca del techo de la Alameda porque ella es del agua y yo soy de ella.
Jordi
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