sábado, 11 de octubre de 2008

Aeropuertos

Ojos de otoño dejandolo todo para irse a la nada
Ojos de otoño con flores sobre mármol gris delimitado por franjas amarillas, gordas y continuas, Ojos de otoño solitaria delimitada por la espera y el amor.
Ojos de otoño sin limites.

Agosto 08

Jordi solo sin Ojos de otoño

domingo, 5 de octubre de 2008

Terminal 5

Terminal 5

Half price
Please pay here

-excuse me , miss...
-stay here!
-just one minute, because...
-no! no! stay here!

Half price
Please pay here

-take out your shoes, open your arms, empty your poquets, this old and disabled man has his poquets full of garbage, it´s ok?

Half price
Please, pay here
World duty free
Free

-miss...
-you stay here! don´t move! just stay here!

sábado, 6 de septiembre de 2008

El tiempo

El tiempo esta hecho de lágrimas, tiene una casa con muros ventrales indestructibles y una pequeña puerta justo en el ombligo, el tiempo está lleno de vacíos, de abismos sin fondos visibles, de canciones de cama, de esas mismas que te canto cuando me acurruco en mi casa y miro los enormes ojos marrones a través de las montañas, el tiempo no tiene dueño, ni siquiera él es su propio dueño, lo único que hace es permanecer, dar instrucciones confusas y seguir, como no se detiene, tampoco avanza, no parte y no llega, solo está, solo es, el tiempo es pleno, se asfixia de si mismo y tiene náuseas de tan lleno que se siente, el tiempo está solo en una cueva y se mira de reojo en los espejos retrovisores de los coches que intentan apresurarlo en el Periférico, se arrellana en los asientos y permanece, tranquilo, sabe que no va a ninguna parte.

Jordi

Tu nombre de Familia

El silencio ha sido roto por el murmullo de los huesos, ligamentos y tendones que intentan acomodarse llenando espacios que les ha robado la sangre coagulada, un broche de titanio, y un tornillo de material biodegradable. No ha pasado ni una semana desde el momento en que mencioné tu nombre de Familia y nos dimos un beso a manera de despedida mientras apretabas con fuerza mi mano justo antes de entrar en el quirófano amarillo: “kabuls” dije, y nos besamos, luego vino el líquido tibio infiltrado por la canalización de mi mano derecha, el miedo, el mío, había empezado a disminuir con tu mano y con tu beso, el líquido lo alejó del todo, cuando entró por mi espalda el último de los anestésicos del día, perdí la posición fetal y todo se convirtió en la pequeña jaula de una enorme granja de pollos, personas vestidas de azul y verde se movían en torno a mí, un anuncio me invitaba a marcar un número telefónico para rentar un equipo entero de artroscopia, en el monitor se podían ver las tomas circulares similares a las del cine mudo, pero sin fundidos a negro, Arturo forcejeaba con mi rodilla izquierda y en poco más de dos horas estaba de vuelta en el cuarto 110.
Nada hay como encontrarse con tus ojos marrones, fiel asidero de los inválidos.Cada vez que abrí los ojos aquella noche calurosa de la primavera chilanga, me encontré con los tuyos y mi mano se volvió una prolongación de la tuya.

Jordi

sábado, 30 de agosto de 2008

Cruzando el Moldava en una lanchita de pedales

Ante tanta puerta abierta, opte por no entrar en ninguna y quedarme para siempre fuera, fuera de aquí, ¡Fuera de todo! Como sea pero ¡Fuera!
Jordi

Mantenme en vilo, sin certezas, sin invocar a la muerte por certera y aburrida, mantenme en la duda permanente, en la inconclusión, mantenme vivo.
Jordi

viernes, 30 de mayo de 2008

La Nieve del 62

A Cristina de Kabul

El valle tropical estaba a nuestros pies, sólo nos quedaba emprender el descenso vertiginoso. Simplemente bastaba con seguir el sendero guarecido por la sombra de las dos hileras de palmeras cocoteras que -a cada orilla del camino- se alzaban con cierta humildad.
Más allá el poblado, como cada año: el poblado húmedo.
Aquí, desde la altura de la montaña, el último remanso de sequía.
Nuestra carreta inició el descenso con cierta facilidad, el crujir de sus maderas avejentadas nos anunciaba ante los primeros aldeanos, pequeños grupos de niños que rápidamente se acercaban a preguntar por la película, “¿Cuál es la cine de hoy?” decían y se miraban los volantes amarillentos impresos para promocionar “La nevada del 62 en Barcelona”, aunque era evidente que aún no sabían leer, era más evidente que si sabían imaginar y la foto de una Plaça Catalunya completamente nevada alimentaba la imaginación del valle tropical y húmedo.
“Es como el Lago del Cielo” dijo un niño de ojos pequeños y achinados mientras salía corriendo con el volante en la mano, “Es como el Lago del Cielo”, repitió y se perdió entero.

En el valle tropical, la tradición de las Fiestas Patronales nos pone siempre como evento de clausura, cada año, nuestra película sirve de preámbulo al cierre verdadero y majestuoso, cierre repleto de luces de colores rompiendo la noche, de música húmeda y bailada, de cuerpos sudorosos, alcohol de caña con azúcar y olor a coco quemado, es a las ocho, justo después de que el zumbido permanente de los mosquitos permite el paso del sonido y la retención de la sangre propia. Es alrededor de las ocho de la noche en que mis palabras logran cobrar algún sentido al ser dichas…con falsa pompa y un conocimiento vago de la influencia del tiempo y de la modulación de la voz, hablé ante la concurrencia tropical, les dije:

-Señores y señoras: es un honor para todos nosotros presentar en nombre de La Cinematográfica Sinaia, este gran documento fílmico que muestra un hecho sorprendente como si de algo trivial se tratara, sí señores, ante sus sorprendidos y –a esta hora- cansados ojos, verán lo que a bien los científicos han dado en llamar un hecho sin precedentes y que hasta aquí, hasta este valle húmedamente tropical hemos sido capaces de traerles para su disfrute, señores y señoras, ante ustedes: una nevada, no cualquiera, la grandiosa y famosa nevada del año 1962 que cayó en la ciudad de Barcelona, para -en unas pocas horas- cubrirla enteramente de blanco, así es señoras y señores, en nuestra pantalla admiren la nevada del 62.

He de reconocer que el estupor que esperaba generaran mis palabras tan bien dichas ante la audiencia tropical, tardó tanto en llegar que nunca lo hizo y ni tan solo las imágenes de la película lograron algo más que bostezos generalizados, pequeños murmullos silenciados y una sensación clara de aburrimiento muy cercano a la muerte, siempre creímos que la visión del documental de la nevada del 62 sería –cuando menos- sorprendente a los ojos de un auditorio húmedamente tropical que jamás había tenido la necesidad siquiera de pensar en la posibilidad de algo tan lejano y extraño como la nieve, pero no fue así, ese año la proyección resultó ser un completo fracaso.

Se me acercó al final de la proyección, mientras la música iniciaba la congregación del pueblo dispuesto al baile, ella me tomó de la mano y me miró con sus enormes ojos marrones mientras me decía “es como el Lago del Cielo” e intentaba insistentemente hacer que la siguiera, lo hice, tomado de su pequeña mano seguí sus pasos por horas sin casi hablar entre nosotros, todas mis preguntas eran respondidas de la misma manera: “es como el Lago del Cielo” y continuábamos su camino.
De pronto se detuvo, miró de frente a la noche y un loro mudo voló sobre nuestras cabezas, apretó mi mano y corrimos hasta llegar a un pequeño montículo de piedras enormes, perforadas y negras, más allá y confundiendo sus límites con los de la noche, un lago de agua negra reflejaba diminutos puntos de luz, “es el Lago del Cielo” dijo y me miró con los ojos de marrón extremo, tranquilamente se sentó y me pidió con un ademán que yo hiciera lo mismo, casi sin mirarme empezó a hablar:

-Éste es el Lago del Cielo, es hasta aquí que vienen todas las almas vivas cuando se escapan de los cuerpos muertos de los hombres y de las mujeres, es en el lago en que se confunden con los bancos de peces y junto a ellos nadan plácidamente en las aguas negras y tibias, pero de vez en cuando, el Lago del Cielo se llena de almas vivas, de peces y de agua tibia y es entonces cuando las almas se enfrían y mueren, saltan del agua del lago, suben un poco y caen en forma de pequeños copos de nieve blanca y muerta como la nieve de tu película.
Entonces comenzó a nevar.

sábado, 5 de abril de 2008

La garganta de un mudo

El todo es una parte de un remolino incompleto. W.O.

Yo nací en febrero. Mes huracanado, en tal fecha -la de mi nacimiento- la única y majestuosa campana del templo rompió con su obesidad los soportes que la hacían repicar monótona en un sitio fijo que ni tan solo era suyo y fue a quebrarse entera y estruendosa -como a su estirpe de campanas corresponde- contra un empedrado miserable, justo en ese instante, alguien hablo nerviosamente y a gritos de premoniciones sobre la vida recién estrenada, la incipiente vida, la mía.
Es de tantos gritos que se recuerda mi nacimiento… y la muerte de quien los profería, ese día de febrero, un hombre seco, blanco y calvo, que se partió el cráneo mientras intentaba reproducir el sonido del badajo golpeando su cabeza contra las paredes de la campana obesa y rota.
Dicen de mí los presentes, que ni tan solo mis gritos y mi llanto fueron capaces de acallar el sonido de la campana obesa rompiéndose contra las piedras, ni mucho menos todos aquellos sonidos que le siguieron a su fractura.
Desde ese día no he vuelto a gritar, hablar nunca lo he hecho.
Mi comunicación con los demás se ha reducido a las letras escritas, reconozco que en un tiempo intentaba – y lo lograba- comunicarme con la gente a base de pequeños gemidos y sonidos extraños que emanaban de la garganta de un mudo, después ya no me fue posible.
Poco a poco, día a día, fui descubriendo el contorno de las letras, los significados que producían, cada uno de los sonidos escuchados y nunca producidos.
Siempre he llevado junto a mi cuando menos un lápiz de madera y pequeños cuadernos de hojas amarillentas que rápidamente se han ido llenando de mis palabras mudas y que solo tú has leído para escucharlas. Mientras los demás solo leen palabras y frases que rebasan la cuadrícula de las hojas amarillentas, tú eres capaz de escucharlas, es por eso que son tuyas.
Jordi

jueves, 7 de febrero de 2008

Un Cerdo

Un Cerdo –incapacitado para recular- continuó defrente y sin descanso, si en él existía algún temor, éste recaía en la inmovilidad o en el retorno, nunca en todo aquello que se tiene que mirar por primera vez, es decir en lo que ya se sabe que un cerdo mira nuevo.
Un Cerdo –alimentado para alimentar- en su intento por alejarse de la inmovilidad del pasado, golpeó, -con lafuria involutiva del jabalí que todo cerdo lleva tatuado en su código genético- uno de sus colmillos inferiores contra la redondez de las piedras de río, tiñó de rojo una diminuta piedra verde, otra de vetas grises, parte de su hocico y, junto al río abandonó de forma fragmentada el colmillo izquierdo prodigando una mueca similar a la que hace la especie humana cuando sonríe.
Un Cerdo –masturbado para preñar- sintió un deseo incomprensible de anular la voluntad de la especie, lo sintió, eso sí, después de leer libros equivocados para los cerdos o cuando menos no recomendados.
Un Cerdo –aislado para temer- reconoció la verdad en la Criatura cuando pudo mirar detrás de sus ojos marrones y simplemente dejó de tenerle miedo a todo, incluso a los indignos y grotescos chillidos de la muerte de los cerdos.
Un Cerdo –capacitado para avanzar- se levanto apoyado tan solo en sus patas traseras ante el asombro de un grupo de jubilados en visita a una granja de genética reproductiva porcina, el barullo y descomposición grupal que le siguieron y que en algunos casos extremos llegó hasta la histeria individual, fueron suficientes para que el cerdo –Un Cerdo- lograra su huida.
Un Cerdo –arrugado para chicharrón- durmió todas las noches que precedieron a la huida junto a La Criatura y nunca más volvió a escribir.

Jordi

viernes, 25 de enero de 2008

Muertos Mezcaleros

Muertos Mezcaleros


“Si la necesidad del hombre es que a cada día le suceda una noche y que a cada noche le suceda un nuevo día, la muerte de todos y cada uno de los sectarios inocentes tiene que estar tan garantizada como el reflejo que provocan estas letras en tus ojos.”
Gran Libro Sagrado de los Muertos Mezcaleros, Capítulo I



El inicio del legado

Lo demás, lo que seguía, nunca llegó, la pérdida era absoluta y total, desde el último baile de sombras lánguidas, sombras partidas a la altura de la cintura por un bloque enorme de concreto, nunca la volví a ver, pausadamente caminó sin despedirse en dirección concreta rumbo a un coche negro, mientras se alejaba, con claridad se podía escuchar el final de “Los restos del naufragio”.
Fueron los Muertos Mezcaleros los que se la llevaron.
Ante la soledad abrumadora, no tuve más remedio que irme, con mucha dificultad logré caminar arrastrando el alma, que en tales momentos, el alma de un sectario inocente, la mía, pesa más que la carne y los huesos que tratan de contenerla sin lograrlo.
Los Muertos Mezcaleros son unos hijos de puta.
Es verdad que tienen la condición de los dioses, justamente porque eso mismo es lo que son: dioses verdaderos, desmesurados, crueles e hijos de la Gran Puta, y es por eso que ahora mismo, sustentado sobre la única fortaleza que me resta, la falsa que aportan mis dos pies y la verdadera que aporta mi condición de inocencia sectaria, es mi grito el que reta a todo su poder y con él sé que me condeno a la muerte por decapitación.
Nada hay ya que se me pueda perder, nadie, ellos, los Muertos Mezcaleros, arropados en el conocimiento que tienen de lo ridículo de su aspecto, con esa característica frente amplia y blanquísima, las cuencas vacías de los ojos, la multiplicidad de tonalidades de amarillo repartidas en cada uno de sus dientes enraizados a unas encías descarnadas y la carencia de lo único que los podría hacer humanos y por lo tanto negarles su condición divina: la nariz, los Muertos Mezcaleros no tienen nariz… y por supuesto el olor, ese olor que solo el mezcal es capaz de otorgarle a las mortajas en las que los envuelven para divinizarlos.
Han sido ellos los que han convertido en rito para todos sus seguidores el hecho de la decapitación de todos nosotros, de todos los sectarios inocentes, han sido ellos quienes nos han declarado la guerra, una guerra donde los sectarios inocentes morimos con la cabeza separada del tronco a manos de los dioses en una lucha del todo desigual, para nosotros el infierno de la derrota, para ellos el Paraíso de la victoria, estando ya en él, a lo único que aspiran es a continuar permaneciendo eternamente, con esa visión divina de la eternidad.
Me lo han quitado todo, sólo les falta –y no tardarán en hacerlo- arrancarme de un tajo la cabeza, es por eso que me han orillado a ésta última lucha, porque no puedo ya tener miedo de nada ni de nadie, ni siquiera de los Muertos Mezcaleros, ni de su divinidad, ni de ninguna pérdida, a mi sólo me restan las palabras y con ellas es con las que lucho, es con ellas que les repito que ustedes, dioses, Muertos Mezcaleros, son simplemente unos hijos de la Gran Puta, tendrán mi cabeza cercenada, pero no tendrán mis palabras, éste es mi legado. A cada letra escrita sobre el papel, aguardo con tranquilidad el momento en que derriben la puerta de mi habitación a golpes, se que llegará el momento en que todos sus seguidores eufóricos darán inicio a la destrucción de todo lo que soy, con casi todo podrán, podrán conmigo, pero no con mi legado, este legado de palabras que llegará de mano en mano, de boca en boca hasta los oídos de más y más sectarios inocentes y de entre ellos habrá alguno que estará dispuesto a sufrir la condena de perder la cabeza y perderlo todo a cambio de proseguir con esta lucha perdida.
Ahora mismo ya escucho el tumulto que se acerca, el sonido del motor del coche negro que los dirige y el rumor de las oraciones que le prodigan a los Muertos Mezcaleros para que les ayuden a encontrarme, puedo escuchar como se golpean los muslos y los brazos como una muestra de fervor y entrega total al rito, seguramente algunos ya se habrán mordido la lengua y las mejillas en su cara interior y estarán escupiendo sangre que después se untarán en la frente, salvo esa ritualidad extrema, ni los Muertos Mezcaleros ni su iglesia, representan nada, ni tan solo logran representar al vacío.
En esto no estoy solo, lo he preparado todo, ni con todo su poder han sido capaces de impedírmelo, en un rincón de la habitación se encuentra acurrucada y temblorosa quien habrá de llevarse de aquí estas palabras y tendrá la obligación y el deseo de hacerlas llegar a otros sectarios inocentes, será la portadora del legado de palabras, aunque es evidente su temor, también lo es la decisión de comunicar el legado.
El tumulto se está acercando, desde la ventana de la habitación ahora ya puedo verlos como se acercan poco a poco, como continúan golpeándose y escupiendo sangre mientras voltean a mirar al cielo de los Muertos Mezcaleros, la fe del hombre del coche negro es quien les dirige los pasos, él y los dioses.
Con estas palabras me he despedido de ella:
-Vete ahora, el tiempo ya no es nuestro, se huele en el aire el olor a mortaja mezcalera, se escuchan en la calle los rezos y el sonido seco de los golpes, vete ahora mismo.
Después le he tomado la cintura y con un beso en el pecho nos hemos visto por última vez, tan cerca han estado nuestros ojos que la he dejado de mirar desenfocándose envuelta en una neblina blanca.
Pronto ha salido con el legado escondido entre la ropa, en silencio.
Ya escucho como algunos ya han empezado a subir las escaleras de este edificio, pronto estarán aquí y pronto también, mi cabeza rodará por el suelo de la habitación mientras ellos entonan sus cánticos y me escupen su sangre –ahora sí- divinizada según cuentan las escrituras de El Gran Libro Sagrado de los Muertos Mezcaleros en el capítulo II.


El legado continuado

Hasta aquí lo primero que se escribió y que yo me llevé en silencio aquella tarde, fácil es imaginar que todos entraron y que en poco tiempo su cabeza rodaba por el suelo mientras cantaban fervorosamente entornando los ojos al cielo de los Muertos Mezcaleros.
De mi huida escatimaré los detalles, nunca se sabe en manos de quién puedan caer estas páginas, solo les diré que el legado se ha preservado y que poco a poco ha ido creciendo, es verdad que cada día somos menos los sectarios inocentes, que cada día ruedan más cabezas al desprenderse de los troncos que las sostienen, pero también es verdad que cada día nuestra lucha adquiere mayor fuerza y relevancia, siempre sin dejar de ser una lucha perdida, es aquí mismo donde radica su fortaleza, en la aceptación de la derrota, en el conocimiento absoluto de que ésta es una lucha absurda en la que de antemano sabemos que sólo a ellos, que por algo son dioses, les pertenecerán todas y cada una de las pequeñas victorias y por consiguiente la gran victoria final, aquella en que el último de nosotros, el último sectario inocente caiga de rodillas ante la iglesia de los Muertos Mezcaleros y su cabeza sea desprendida del cuerpo de un solo tajo, ese día –cercano ya- según las escrituras del Gran Libro Sagrado, el mundo será nuevo, nuevo y verdadero, el mundo esperado por ellos y por su iglesia, un mundo que nunca más tendrá que cargar con el lastre representado por la inocencia de un pequeño grupo de sectarios.
Es hasta aquí que mi colaboración a éste legado continuado se detiene, de nuevo ellos y sus dioses han dado con mi paradero y de nuevo es mi huida la que puede permitir –tal vez- que solo se cercenen más y más cabezas y nunca estas páginas, yo tampoco estoy sola en esto, pero es hasta aquí donde mi continuidad termina.


El final del legado

No entiendo claramente cómo es que todas éstas páginas amarillas han llegado hasta mis manos, no se quiénes son ellos, los que me antecedieron en la escritura, ni mucho menos reconozco ninguna inocencia ni ningún sectarismo en mi persona, ni tan solo en la de ellos, si he continuado con esta escritura es simplemente por el deseo que tengo en ponerle fin a algo que a todas luces permanece inacabado, la conclusión es la que me mueve a hacerlo, la conclusión y la certeza de que éste es el mundo nuevo, nuevo y verdadero, el mismo mundo que siempre ha sido nuevo y verdadero, por otro lado el único mundo posible, el mundo de Los Muertos Mezcaleros, el nuestro.


“El polvo se sostendrá quieto ante tu mirada y La Luz, la Luz de nuestras frentes blancas lo atravesará como el filo de una daga atraviesa el cuello de los pecadores hasta separarlo de su tronco, sabrás entonces que ha llegado el primero de los días del mundo nuevo y verdadero, el Mundo de los Muertos Mezcaleros.”
Gran Libro Sagrado de los Muertos Mezcaleros, Capítulo XV

Jordi

miércoles, 16 de enero de 2008

La criatura

Para Cristina Verdadera

La criatura me miró por largo rato con sus ojos abismales, siempre conectados al ombligo mediante un conducto interno y diminuto, cuando supo que era el momento, hundió las manos en mi pecho y arrancó con rapidez desde mi traquea hasta la totalidad de los intestinos. Aún de pie pude mirarla devorando poco a poco lo que yo era antes.
Por las mañanas recorro su sangre de criatura verdadera y por las noches duermo en el centro de su ombligo, mirándolo todo a través del abismo de sus ojos.

Jordi