Dios bajó de lo mero arriba del cielo, a luego llegó, a luego empezó su trabajar, pus era martes, que si lunes, nada estaría de esto contando.
Se fue primero inhalando todo el soplo de vida, como chupando. Soplo de hombres y de mujeres Dios inhalaba, y ya los hombres se quedaban como dormidos, no como muertos.
Después hizo un hoyo más grande que el de una tuza y sopló, sopló en el hasta agotar el último de los soplidos y se quedó dormido igual.
Esa noche el universo pudo dormir tranquilo.
Jordi
sábado, 30 de junio de 2007
viernes, 29 de junio de 2007
Hace mucho calor
No fue en la estación del metro Balderas como reseñó Rodrigo González, ni tampoco fue una despedida, más bien fue un encuentro, fugaz, pero encuentro al fin, y la mera verdad es que fue en Tacubaya. Al final del anden semivacío y sentada en el resbaloso piso de losetas grises, estabas esperando, supongo que al convoy anaranjado, no me atreví a acercarme más de la cuenta y espantar tus pensamientos, los cinco metros que nos separaron me parecieron distancia suficiente, para verte y no perturbarte, la ciudad nos hace repeler el contacto personal, nos estimula el miedo al otro, aunque ese otro sea yo y solo imité tu posición de contacto con el resbaloso piso de losetas grises. Tras de ti, entre yo, y frente a ti me senté, en los"de a solo", así de frente, buscando tu mirada que no encontré hasta San Pedro de los Pinos, unos niños jugaban con sus padres y sus risas eran el mejor pretexto para dirigir mi mirada hacia ellos, mirada que pasaba obligadamente por tus ojos. En San Antonio me pareció notar una pequeña sonrisa,pero no estaba del todo seguro, de lo único de lo que estaba seguro era de que estábamos prontos a llegar a Mixcoac y tenía que hablarte, el puto metro funcionaba como nunca, no se detenía entre estaciones, era unaverdadera obra de ingeniería, perfecta, volviste a sonreír y continuamos hasta Barranca del Muerto, más allá de Barranca del Muerto no hay nada, ni madres, nada, el metro se acaba en Barranca y también esta historia... pero con todo el valor que no me caracteriza, con toda esa carencia enorme de palabras, te mire a los ojos y logre decir:
-hace mucho calor...
grandiosa frase, puta madre, pinche pendejote, qué chingados es eso: "hace mucho calor", cinco estaciones de metro, treinta y seis años de vida, escuelas, lecturas, solo para decir: "hace mucho calor", lo peor es que no me escuchaste y tuve que repetirlo, y ahora con todo el conocimiento de que la frase era lo más pendejo que había dicho en años, probablemente en toda mi vida, lo repetí:
- hace mucho calor
y claro como eres una mujer educada, te reíste, conmigo o de mí no importa, pero te reíste, y "el que se ríe se aguanta" y pues en Barranca salimos juntos, digo, uno junto al otro rozando con mi hombro el tuyo, en las escaleras que ahora funcionaban a la perfección y que por lo tanto harían que llegáramos rapidísimo a la superficie. Dos escaleras eléctricas y tu trabajo de mesera, el mío de trabajador de las telas, tus estudios en pintura, los de mi hermana en grabado, tu padre gallego, y los míos catalanes, tu viaje a Francia y el mío al Zócalo, tu nombre de luna y el mío de casi siempre. Te subiste al taxi con mi número de teléfono, yo te dije hasta luego con la carterita de cerillos del restaurante donde trabajas, te subiste al taxi con la promesa de llamarme, yo camine con la seguridad de no olvidarte nunca, te subiste con el bolígrafo que compramos juntos, me fui caminando con el cielo más azul de todos, y la luna aparecía en él y ha decir verdad... hacía muchísimo calor.
Jordi
-hace mucho calor...
grandiosa frase, puta madre, pinche pendejote, qué chingados es eso: "hace mucho calor", cinco estaciones de metro, treinta y seis años de vida, escuelas, lecturas, solo para decir: "hace mucho calor", lo peor es que no me escuchaste y tuve que repetirlo, y ahora con todo el conocimiento de que la frase era lo más pendejo que había dicho en años, probablemente en toda mi vida, lo repetí:
- hace mucho calor
y claro como eres una mujer educada, te reíste, conmigo o de mí no importa, pero te reíste, y "el que se ríe se aguanta" y pues en Barranca salimos juntos, digo, uno junto al otro rozando con mi hombro el tuyo, en las escaleras que ahora funcionaban a la perfección y que por lo tanto harían que llegáramos rapidísimo a la superficie. Dos escaleras eléctricas y tu trabajo de mesera, el mío de trabajador de las telas, tus estudios en pintura, los de mi hermana en grabado, tu padre gallego, y los míos catalanes, tu viaje a Francia y el mío al Zócalo, tu nombre de luna y el mío de casi siempre. Te subiste al taxi con mi número de teléfono, yo te dije hasta luego con la carterita de cerillos del restaurante donde trabajas, te subiste al taxi con la promesa de llamarme, yo camine con la seguridad de no olvidarte nunca, te subiste con el bolígrafo que compramos juntos, me fui caminando con el cielo más azul de todos, y la luna aparecía en él y ha decir verdad... hacía muchísimo calor.
Jordi
jueves, 28 de junio de 2007
Monstruos atormentados
Somos hombres feos y pequeños, alejados de la luna, alejados de la tierra, cercanos al porno duro y a la fé. Hombres contrahechos, hideputas sin mesura. Hombres de genitales dubitativos, hombres vivos, Somos hombres repletos de células cancerosas, somos hombres vivos. Ya no hablan nada de nosotros, ya no dicen nada en nuestro nombre. Somos hombres vivos. Son hombres vivos Soy un pedazo de muerte culera.
Monstruo, septiembre 2004
Los Monstruos atormentados
A mi Compay, nomás de güevos
Y cuando despertó, el muy cabrón seguía ahí... con su puta panza descomunal, las tetas regordetas y la mínima tanga. Ella lo movió, más bien lo empujó, el Monstruo se revolvió entre el calor excesivo de un noviembre que justo comenzaba, Ella lo volvió a empujar, ahora con más fuerza, logró un bostezo acompañado de una especie de gruñido y del aliento que se podía cortar con un machete, pero ninguna palabra, la que habló fue Ella
-¿no que te largabas hoy cabrón? ¿no que ya te ibas ala chingada? Puras pinches mentiras las tuyas, vales para pura madre.
La miró de reojo, se levantó pesadamente de la cama y sin decir nada se dirigió al baño, mientras la orina fluía y repicaba contra el agua del escusado se continuaban oyendo los, ahora gritos, de Ella
-y no me vayas a salir con la mamada de que no te vas, ya estoy hasta la madre de seguirte manteniendo, toda mi familia se avergüenza de ti, eres un puto monstruo, un culero, una mierda.
Sin decir nada, el Monstruo se puso una camiseta negra y un pantalón, se calzó unas sandalias y empezó a meter las pocas pertenencias que se le permiten a un monstruo, menos pertenencias aún si el monstruo en cuestión es un monstruo jodido como éste, mientras iba metiendo compactos, cuadernos, playeras y demás chingaderas en bolsas negras, los gritos de Ella seguían sonando
-y no le hagas al pendejo con la ley del hielo, esas son mamadas, a mí me contestas pendejo, que ya sabes como soy de chingona, tu siguele con tus pendejaditas y te voy a mandar a que te pongan en toda la madre.
Dos pares de ojos más miraban sin curiosidad el embolse de las pertenencias del Monstruo, eran las hijas que se habían acercado a presenciar en primera fila el acontecimiento mil veces prometido y mil veces postergado, pero que por ésta vez parecía nuevo, la desilusión vino cuando notaron, que por lo menos y hasta el momento era una simple repetición de hechos. El Monstruo le hizo un gran nudo a cada una de las cinco bolsas negras y habló por primera vez en el día
-ahorita vengo
-“ahorita vengo”... ¿ahorita vengo? ¿Qué mamada es esa?¿a dónde vas? Nada que ahorita vienes, ahora te me vas pendejo, mira, así, mira, así
acompañaba el ”así” con un chasquido de dedos teatralizado con mucha experiencia
-Voy a hablar por teléfono, voy a la tienda
- vas a la tienda, muy bien, pues tráeme una bolsa de pan...ah y toma pendejo porque seguramente no traes ni madres de dinero.
Tomó de la mano a la hija menor y salieron con rumbo a la tienda, en el trayecto se detuvo en un teléfono público y marco el número de su hermano, en la familia del Monstruo, solamente él había nacido monstruo, ni sus padres ni hermanos habían adquirido tal característica monstruosa, cuando menos, no de nacimiento.
- ¿Me vas a prestar la camioneta? Bien, Si, Voy por ella, En una hora estoy por allá, Gracias. Adiós.
Compró el pan y volvió casi sin hablar, conforme los monstruos envejecen, tienden a hablar menos, y éste monstruo pasaba ya de los cuarenta y tres años, edad por demás avanzada para un monstruo jodido.
Dejó el pan y a la hija, se puso unos zapatos antes negros y volvió a salir
-¿y a dónde vas ahora?-voy por la camioneta, ya me la prestaron, solo la recojo, vengo para acá, cargo todo lo mío y me voy.
-conste cabrón, conste, ¿en cuánto tiempo estarás de vuelta?
-no se, unas dos horas, no se bien
-mira pendejito, nomás me sales con la mamada de que no te largas hoy y me cae de madres que mando a que te pongan en toda tu madre, y tu sabes que por algo me dicen la tiburona, así que ya sabes.
Caminó hasta la avenida, se subió al ruta 623 y se dio cuenta del incremento exponencial de monstruos en la ruta durante los últimos años, específicamente durante los últimos cinco o seis meses, como ya se ha dicho, tienden a la mudez y más aún si es que son del subgénero de los jodidos. Bajó en la avenida, recorrió las cinco calles a paso lento pero constante y el calor le pegó la camiseta a las tetas regordetas, mientras miraba los altos muros y las recortadas flores multicolores de las residencias que resguardaban su paso, intentaba pensar en un lugar para guardar las cinco bolsas negras y anudadas. Desde la reja, tocó el timbre de la casa de su hermano, del interior salió una mujer monstruosa, diminuta, vestida con un delantal blanco contrastante con el negro de su vestido y de su piel
-dígame
-¿no estará mi hermano?
-no señor, pero me dejó las llaves de la camioneta para usted, el chofer ya se la dejó en la calle
-no dijo mi hermano a que hora la necesitaba
-no dijo, pero volverá tarde, fue al aeropuerto con la señora a recoger a su hijo
-ok gracias.
La mujer diminuta y monstruosa se acercó a la reja y le dio las llaves a través de los barrotes, él le dio las gracias y emprendió el recorrido en busca de las bolsas negras. En el camino decidió llevarle las bolsas a otro hermano, éste padecía una enfermedad extraña, algo relacionado con orinar un líquido de olor y sabor similar al de la miel, quedarse paulatinamente ciego e impedido para moverse, él seguramente las podría guardar por algún tiempo en su casa. En cuanto abrió la puerta de la que sería por último día su casa, fue recibido por la retórica de los últimos tiempos
-¿Ya te largas?
-solo cargo las bolsas y me voy
-eso espero grandísimo güevón, pero no se te olvide que me tienes que devolver la estufa que le presté a tu hermana, no me vayas a salir con alguna de tus pendejadas
-no... es más, primero voy por la estufa
-a güevo que primero vas por mi estufa, hasta crees...me cae que vales para pura madre, de pendeja te dejo sacar tus putas bolsitas repletas de mierda, sino hay estufa no hay bolsas puto.
Volvió a salir con rumbo fijo, el asunto era sencillo, solo tenía que desconectar la toma de gas de la estufa y bajarla desde el tercer piso de departamentos de interés social donde vivían una de sus hermanas y su madre, el problema culinario, alimentario y económico que esto implica, no atañe a la vida de los monstruos y menos si son como el nuestro, es decir jodidos, el problema solo atañe a los sin-estufa.
El Rumbo fijo sufrió un cambio drástico de rumbo y lo fijó en otro rumbo. El cerebro de un monstruo vive del recuerdo, y nuestro monstruo recordó que su otra hermana, justo haría cosa de unos siete u ocho meses, cuando empezaba a dar signos claros de monstrualizar su existencia, un golpe de suerte tomado de la mano de un taxi y de la de un hijo descaradamente triunfador, generador de riquezas múltiples, icono del Mercado y procer del capitalismo salvaje había convertido a la familia más cercana, básicamente a la que vivía bajo su mismo techo, en grandes acaparadores de billetes de alta denominación, “pesados” decía el Mercadologo del Transporte; el Monstruo también recordó que en el cambio de imagen a una más cercana a la nueva realidad económica del Transportista de los Miserables, su hermana se había desecho de lo que le viene sobrando al que le sobra, simplemente porque puede sobrarle, entre las sobras había una estufa, el procedimiento era sencillo, primero había que ir por la estufa a casa de la hermana madre del Todo Chafirete, después había que llevarla a casa de la otra hermana, intercambiar las estufas y devolver la que era prestada, recoger las bolsas negras anudadas, llevarlas con el hermano de orín de miel y finalmente devolver la camioneta donde las residencias se tocan pared con pared. Con trabajo logró subir la estufa desechada a lacamioneta, se despidió de la hermana no sin antes escuchar la advertencia que pesaba sobre la cesión de bienes de una estufa sobre la cual se yergue el poderío absoluto del Devorador de Asfalto Previamente Taximetreado “Lo que es mío lo cedo a los muertos de hambre, quiero decir, a los jodidos muertos de hambre, quiero decir a todos ustedes”
Una hora después de la travesía de milpas se llega al cinturón donde se va pariendo a los monstruos, una hora antes también. El Monstruo llegó, me pidió ayuda para bajar la estufa documentada con la cesión de bienes, entre monstruos la solidaridad es nula, pero prometió pagar, no se porque, pero le creí, la subimos. En el segundo piso una anciana monstruosamente decadente recriminó nuestro lenguaje y coordinación
-No le diga güey
-No le digo nada señora
En el tercer piso apareció la madre del Monstruo con una sonrisa espléndida, me abrazó como si nos conociéramos de siempre, se sabe que las madres de monstruos sienten un natural afecto por los que padecen la monstruosidad al igual que sus hijos, detrás de la madre del Monstruo estaba la hermana, tomó el documento de cesión de bienes que aparecía justo sobre la estufa y lo leyó, acto seguido, con lágrimas en los ojos y los labios mudos dijo algo que nuestros oídos sordos de monstruo no pudieron escuchar, cuando tapó el pivote plástico que atravesaba su garganta y por el cual respiraba desde hacía unas semanas, los labios mudos tomaban las palabras que venían de la parte baja del abdomen y los acercaban a la monstruosidad de nuestros oídos
-llévatela, no la quiero, llévatelo todo.
El Monstruo me miró, su madre sonreía mientras me hablaba de su infancia en San Martín Texmelucan y del marido yacente bajo tierra jalisciense. El Monstruo abrió la puerta, con la mirada turbia hizo señas para que saliéramos, su hermana se frotaba las mejillas húmedas de lágrimas gordas y por el pivote plástico se le escapaba lo que hay en la parte alta del pecho, su madre lo miró con la sonrisa extendida al rostro anciano y fue cruzando sus dedos cruzados sobre la frente, los labios y la cara del ahora Monstruo Bendito, me tomó por el hombro y repitió las cruces y los murmullos que las acompañaron sobre mi frente, mis labios y mi cara monstruosamente bendita. Nos costo salir. Mientras bajábamos las escaleras, el Monstruo me volvió a mirar y por un instante me pareció que una lágrima escurría solitaria justo sobre la papada sudorosa, miró de frente, el Monstruo habló
-¿me puedes acompañar a terminar mi migración otoñal?
-Si
Subimos a la camioneta, atrás quedaba la zona paridera de monstruos, por delante nos quedaba la zona paridera de monstruos, a los lados enormes milpas alimentadoras de monstruos, del subgénero jodidos. Intentamos devolver lo que no era nuestro, devolverlo parcialmente, jodidamente, como a monstruos solo les queda hacer todo lo que hacen: La estufa desechada por ElYoSoyElSistemaEconómicodeTransporteColectivodelaZonaMetropolitana (Sistecozome pa´la banda) quedó simplemente así, desechada, solita junto al muro puberto y chaparro de la puberta y diminuta casita aspirante a residencia, nomás nos dijeron que la dejáramos donde el portón eléctrico librara su miserable existencia. La otra estufa nunca llegó a la cocina de la dueña original, después de unos minutos vi salir al Monstruo con dos bolsas negras en las manos y una promesa en los labios
-en una semana te traigo tu pinche estufa, solo una semana
-conste pinche güevon, una puta semanita más para que tu hermana y tu madre no lloren, nomás me la traes y te llevas las otras bolsas llenas de mierda...ah! y ami no me hables así pendejo que te rompo la madre, así, mira, así.
El Monstruo volvió al volante y en media hora llegamos a una casa que olía a miel y a meados, el mayor de los hermanos del Monstruo nos abrió las puertas de su casa y nos sentó frente a dos televisiones: una muda y otra ciega, bajó el volumen de la ciega que gritaba anuncios con euforia desmedida a juzgar por las imágenes de la muda, el Monstruo bajo sus dos bolsas negras y anudadas mientras el mayor de sus hermanos me explicaba la crisis de la economía del pueblo monstruolizado. Dijimos adiós justo en el momento en que el mayor de los hermanos preparaba una jeringa enorme que, según dijo, trata sin muchos resultados que su orina no tenga un olor y un sabor a miel.
El Monstruo condujo la camioneta hasta la avenida de muros enormes y flores recortadas y multicolores, se detuvo en una esquina, justo bajo la sombra de una jacaranda enorme, pensé que quería mear, pero no lo hizo, básicamente empezó a caminar, bajé tras de él, lo seguí, a mitad de un camellón enormemente divisorio se sentó recargado en el tronco de una palmera y empezó a llorar, la monstruosidad de un monstruo llorando es... insoportable.
Cuando el tiempo sosegó las lágrimas y el habla del Monstruo se pudo escuchar, le dio por gritar consignas monstruosas que lo condujeron a una decadencia tal que lo durmió.
Y como no despertaba, el muy cabrón seguía ahi.
Jordi
Monstruo, septiembre 2004
Los Monstruos atormentados
A mi Compay, nomás de güevos
Y cuando despertó, el muy cabrón seguía ahí... con su puta panza descomunal, las tetas regordetas y la mínima tanga. Ella lo movió, más bien lo empujó, el Monstruo se revolvió entre el calor excesivo de un noviembre que justo comenzaba, Ella lo volvió a empujar, ahora con más fuerza, logró un bostezo acompañado de una especie de gruñido y del aliento que se podía cortar con un machete, pero ninguna palabra, la que habló fue Ella
-¿no que te largabas hoy cabrón? ¿no que ya te ibas ala chingada? Puras pinches mentiras las tuyas, vales para pura madre.
La miró de reojo, se levantó pesadamente de la cama y sin decir nada se dirigió al baño, mientras la orina fluía y repicaba contra el agua del escusado se continuaban oyendo los, ahora gritos, de Ella
-y no me vayas a salir con la mamada de que no te vas, ya estoy hasta la madre de seguirte manteniendo, toda mi familia se avergüenza de ti, eres un puto monstruo, un culero, una mierda.
Sin decir nada, el Monstruo se puso una camiseta negra y un pantalón, se calzó unas sandalias y empezó a meter las pocas pertenencias que se le permiten a un monstruo, menos pertenencias aún si el monstruo en cuestión es un monstruo jodido como éste, mientras iba metiendo compactos, cuadernos, playeras y demás chingaderas en bolsas negras, los gritos de Ella seguían sonando
-y no le hagas al pendejo con la ley del hielo, esas son mamadas, a mí me contestas pendejo, que ya sabes como soy de chingona, tu siguele con tus pendejaditas y te voy a mandar a que te pongan en toda la madre.
Dos pares de ojos más miraban sin curiosidad el embolse de las pertenencias del Monstruo, eran las hijas que se habían acercado a presenciar en primera fila el acontecimiento mil veces prometido y mil veces postergado, pero que por ésta vez parecía nuevo, la desilusión vino cuando notaron, que por lo menos y hasta el momento era una simple repetición de hechos. El Monstruo le hizo un gran nudo a cada una de las cinco bolsas negras y habló por primera vez en el día
-ahorita vengo
-“ahorita vengo”... ¿ahorita vengo? ¿Qué mamada es esa?¿a dónde vas? Nada que ahorita vienes, ahora te me vas pendejo, mira, así, mira, así
acompañaba el ”así” con un chasquido de dedos teatralizado con mucha experiencia
-Voy a hablar por teléfono, voy a la tienda
- vas a la tienda, muy bien, pues tráeme una bolsa de pan...ah y toma pendejo porque seguramente no traes ni madres de dinero.
Tomó de la mano a la hija menor y salieron con rumbo a la tienda, en el trayecto se detuvo en un teléfono público y marco el número de su hermano, en la familia del Monstruo, solamente él había nacido monstruo, ni sus padres ni hermanos habían adquirido tal característica monstruosa, cuando menos, no de nacimiento.
- ¿Me vas a prestar la camioneta? Bien, Si, Voy por ella, En una hora estoy por allá, Gracias. Adiós.
Compró el pan y volvió casi sin hablar, conforme los monstruos envejecen, tienden a hablar menos, y éste monstruo pasaba ya de los cuarenta y tres años, edad por demás avanzada para un monstruo jodido.
Dejó el pan y a la hija, se puso unos zapatos antes negros y volvió a salir
-¿y a dónde vas ahora?-voy por la camioneta, ya me la prestaron, solo la recojo, vengo para acá, cargo todo lo mío y me voy.
-conste cabrón, conste, ¿en cuánto tiempo estarás de vuelta?
-no se, unas dos horas, no se bien
-mira pendejito, nomás me sales con la mamada de que no te largas hoy y me cae de madres que mando a que te pongan en toda tu madre, y tu sabes que por algo me dicen la tiburona, así que ya sabes.
Caminó hasta la avenida, se subió al ruta 623 y se dio cuenta del incremento exponencial de monstruos en la ruta durante los últimos años, específicamente durante los últimos cinco o seis meses, como ya se ha dicho, tienden a la mudez y más aún si es que son del subgénero de los jodidos. Bajó en la avenida, recorrió las cinco calles a paso lento pero constante y el calor le pegó la camiseta a las tetas regordetas, mientras miraba los altos muros y las recortadas flores multicolores de las residencias que resguardaban su paso, intentaba pensar en un lugar para guardar las cinco bolsas negras y anudadas. Desde la reja, tocó el timbre de la casa de su hermano, del interior salió una mujer monstruosa, diminuta, vestida con un delantal blanco contrastante con el negro de su vestido y de su piel
-dígame
-¿no estará mi hermano?
-no señor, pero me dejó las llaves de la camioneta para usted, el chofer ya se la dejó en la calle
-no dijo mi hermano a que hora la necesitaba
-no dijo, pero volverá tarde, fue al aeropuerto con la señora a recoger a su hijo
-ok gracias.
La mujer diminuta y monstruosa se acercó a la reja y le dio las llaves a través de los barrotes, él le dio las gracias y emprendió el recorrido en busca de las bolsas negras. En el camino decidió llevarle las bolsas a otro hermano, éste padecía una enfermedad extraña, algo relacionado con orinar un líquido de olor y sabor similar al de la miel, quedarse paulatinamente ciego e impedido para moverse, él seguramente las podría guardar por algún tiempo en su casa. En cuanto abrió la puerta de la que sería por último día su casa, fue recibido por la retórica de los últimos tiempos
-¿Ya te largas?
-solo cargo las bolsas y me voy
-eso espero grandísimo güevón, pero no se te olvide que me tienes que devolver la estufa que le presté a tu hermana, no me vayas a salir con alguna de tus pendejadas
-no... es más, primero voy por la estufa
-a güevo que primero vas por mi estufa, hasta crees...me cae que vales para pura madre, de pendeja te dejo sacar tus putas bolsitas repletas de mierda, sino hay estufa no hay bolsas puto.
Volvió a salir con rumbo fijo, el asunto era sencillo, solo tenía que desconectar la toma de gas de la estufa y bajarla desde el tercer piso de departamentos de interés social donde vivían una de sus hermanas y su madre, el problema culinario, alimentario y económico que esto implica, no atañe a la vida de los monstruos y menos si son como el nuestro, es decir jodidos, el problema solo atañe a los sin-estufa.
El Rumbo fijo sufrió un cambio drástico de rumbo y lo fijó en otro rumbo. El cerebro de un monstruo vive del recuerdo, y nuestro monstruo recordó que su otra hermana, justo haría cosa de unos siete u ocho meses, cuando empezaba a dar signos claros de monstrualizar su existencia, un golpe de suerte tomado de la mano de un taxi y de la de un hijo descaradamente triunfador, generador de riquezas múltiples, icono del Mercado y procer del capitalismo salvaje había convertido a la familia más cercana, básicamente a la que vivía bajo su mismo techo, en grandes acaparadores de billetes de alta denominación, “pesados” decía el Mercadologo del Transporte; el Monstruo también recordó que en el cambio de imagen a una más cercana a la nueva realidad económica del Transportista de los Miserables, su hermana se había desecho de lo que le viene sobrando al que le sobra, simplemente porque puede sobrarle, entre las sobras había una estufa, el procedimiento era sencillo, primero había que ir por la estufa a casa de la hermana madre del Todo Chafirete, después había que llevarla a casa de la otra hermana, intercambiar las estufas y devolver la que era prestada, recoger las bolsas negras anudadas, llevarlas con el hermano de orín de miel y finalmente devolver la camioneta donde las residencias se tocan pared con pared. Con trabajo logró subir la estufa desechada a lacamioneta, se despidió de la hermana no sin antes escuchar la advertencia que pesaba sobre la cesión de bienes de una estufa sobre la cual se yergue el poderío absoluto del Devorador de Asfalto Previamente Taximetreado “Lo que es mío lo cedo a los muertos de hambre, quiero decir, a los jodidos muertos de hambre, quiero decir a todos ustedes”
Una hora después de la travesía de milpas se llega al cinturón donde se va pariendo a los monstruos, una hora antes también. El Monstruo llegó, me pidió ayuda para bajar la estufa documentada con la cesión de bienes, entre monstruos la solidaridad es nula, pero prometió pagar, no se porque, pero le creí, la subimos. En el segundo piso una anciana monstruosamente decadente recriminó nuestro lenguaje y coordinación
-No le diga güey
-No le digo nada señora
En el tercer piso apareció la madre del Monstruo con una sonrisa espléndida, me abrazó como si nos conociéramos de siempre, se sabe que las madres de monstruos sienten un natural afecto por los que padecen la monstruosidad al igual que sus hijos, detrás de la madre del Monstruo estaba la hermana, tomó el documento de cesión de bienes que aparecía justo sobre la estufa y lo leyó, acto seguido, con lágrimas en los ojos y los labios mudos dijo algo que nuestros oídos sordos de monstruo no pudieron escuchar, cuando tapó el pivote plástico que atravesaba su garganta y por el cual respiraba desde hacía unas semanas, los labios mudos tomaban las palabras que venían de la parte baja del abdomen y los acercaban a la monstruosidad de nuestros oídos
-llévatela, no la quiero, llévatelo todo.
El Monstruo me miró, su madre sonreía mientras me hablaba de su infancia en San Martín Texmelucan y del marido yacente bajo tierra jalisciense. El Monstruo abrió la puerta, con la mirada turbia hizo señas para que saliéramos, su hermana se frotaba las mejillas húmedas de lágrimas gordas y por el pivote plástico se le escapaba lo que hay en la parte alta del pecho, su madre lo miró con la sonrisa extendida al rostro anciano y fue cruzando sus dedos cruzados sobre la frente, los labios y la cara del ahora Monstruo Bendito, me tomó por el hombro y repitió las cruces y los murmullos que las acompañaron sobre mi frente, mis labios y mi cara monstruosamente bendita. Nos costo salir. Mientras bajábamos las escaleras, el Monstruo me volvió a mirar y por un instante me pareció que una lágrima escurría solitaria justo sobre la papada sudorosa, miró de frente, el Monstruo habló
-¿me puedes acompañar a terminar mi migración otoñal?
-Si
Subimos a la camioneta, atrás quedaba la zona paridera de monstruos, por delante nos quedaba la zona paridera de monstruos, a los lados enormes milpas alimentadoras de monstruos, del subgénero jodidos. Intentamos devolver lo que no era nuestro, devolverlo parcialmente, jodidamente, como a monstruos solo les queda hacer todo lo que hacen: La estufa desechada por ElYoSoyElSistemaEconómicodeTransporteColectivodelaZonaMetropolitana (Sistecozome pa´la banda) quedó simplemente así, desechada, solita junto al muro puberto y chaparro de la puberta y diminuta casita aspirante a residencia, nomás nos dijeron que la dejáramos donde el portón eléctrico librara su miserable existencia. La otra estufa nunca llegó a la cocina de la dueña original, después de unos minutos vi salir al Monstruo con dos bolsas negras en las manos y una promesa en los labios
-en una semana te traigo tu pinche estufa, solo una semana
-conste pinche güevon, una puta semanita más para que tu hermana y tu madre no lloren, nomás me la traes y te llevas las otras bolsas llenas de mierda...ah! y ami no me hables así pendejo que te rompo la madre, así, mira, así.
El Monstruo volvió al volante y en media hora llegamos a una casa que olía a miel y a meados, el mayor de los hermanos del Monstruo nos abrió las puertas de su casa y nos sentó frente a dos televisiones: una muda y otra ciega, bajó el volumen de la ciega que gritaba anuncios con euforia desmedida a juzgar por las imágenes de la muda, el Monstruo bajo sus dos bolsas negras y anudadas mientras el mayor de sus hermanos me explicaba la crisis de la economía del pueblo monstruolizado. Dijimos adiós justo en el momento en que el mayor de los hermanos preparaba una jeringa enorme que, según dijo, trata sin muchos resultados que su orina no tenga un olor y un sabor a miel.
El Monstruo condujo la camioneta hasta la avenida de muros enormes y flores recortadas y multicolores, se detuvo en una esquina, justo bajo la sombra de una jacaranda enorme, pensé que quería mear, pero no lo hizo, básicamente empezó a caminar, bajé tras de él, lo seguí, a mitad de un camellón enormemente divisorio se sentó recargado en el tronco de una palmera y empezó a llorar, la monstruosidad de un monstruo llorando es... insoportable.
Cuando el tiempo sosegó las lágrimas y el habla del Monstruo se pudo escuchar, le dio por gritar consignas monstruosas que lo condujeron a una decadencia tal que lo durmió.
Y como no despertaba, el muy cabrón seguía ahi.
Jordi
miércoles, 27 de junio de 2007
Llàgrimes
Es va aturar per un moment al mig de la serralada, tota nevada des de feia uns quants mesos, per últimavegada es va mirar la vall i les casetes blaves de teulades grises de pedra. El campanar de l'església amb el niu, ara buit, d'una cigonya, la casa on va néixer, les muntanyes i els prats, el cel i la boira, el fred i la fam... una llàgrima li va esquitxar lagalta.
-Maria, Maria! -li va cridar a la seva cosina.
-Digues.
-On és que neixen les llàgrimes?
-Què?
-Digue'm, on neixen les llàgrimes?
-Calla nena i camina.
Va acabar d'arribar al cim del pujolet sense mirar enrera, volia somriure, no en tenia ganes, però ho volia fer, no va poder, un parell de llàgrimes se li van escórrer galta i nas avall. La cosina caminava més de pressa i calia anar al seu darrera, ella coneixia el camí. De camí a Barcelona va dormir quasi bé tot el viatge, la cosina li havia dit que si dormia no tindria gana iaixò, era de les poques coses que ella també sabia. Quan la cosina Maria li va ordenar baixar del tren, la realitat se li va fer somni, va voler mirar tot el que li cabia als ulls i no va poder, va fer tant d'esforç que una llàgrima va fugir-li sense cap mirament i li va arribar fins ben bé els llavis, la va tastar, era dolça, molt dolça.
-Maria, Maria!
-Què vols?
-Digue'm on neixen les llàgrimes, les dolces.
-Calla nena, calla d'una vegada, i camina que farem tard.
Un cotxe les va portar fins un poblet d'esglésies on mai fan niu les cigonyes.
L'endemà, al matí, quan es va mirar davant de l'espill amb aquell vestit tan negre i aquell davantal tan blanc, els cabells trenats i recollits amb un llaç encara més blanc que el davantal, es va posar a plorar, plorava sense llàgrimes, reia.
Els diumenges, després de servir l'esmorzar a l'hotel on treballava, sen'anava a missa amb el vestit tan negre i els cabells trenats i recollits amb aquell llaç que li feia la cosina. Fora l'església s'hi quedava un paleta comunista que se la mirava amb silenci. “Que n'ets de maca” li va semblar sentir dir al paleta comunista, un diumenge en acabada la missa de dotze. No va poder dir res, se'l va mirar i una llàgrima li va regalimar fins aturarse-li al pit.“Que n'ets de maca” li va tornar a dir el paleta comunista en acabada la missa de dotze d'aquell diumenge d'estiu, ella tan sols li va somriure i li va acceptar la muda companyia fins la porta d'entrada a l'hotel.
-Casa't amb mi.
Va engolar la veu el paleta comunista aquell diumenge uns segons abanç que ella s'acomiadés per anar a servir el dinar a l'hotel. Se'l va mirar i li va dir que sí, que es volia casar amb ell, mentres plorava neguitosa, llàgrimes gruixudes i eixutes.
-Per què plores maca?
-No ho sé, no sé on neixen les llàgrimes, ho saps tu?
-No ploris, maca.
Un hivern va parir un infant amb l'ajuda d'una llevadora que li apropaba draps humits i calents. Les llàgrimes li sortien a batzegades dels ulls inflats, volia tastar-les, però totes li fugien amb la intenció d'aturar-se en arribar-li al melic, omplir-lo de llàgrimes fins que vessés i així mullar-li tot elventre, el bonyet que tenia en lloc del melic ho impedia. L'infant no plorava, no en sabia de plorar, en sabia de riure, tot ell reia.
Un any després va parir una nena tan vermella com l'ànima del paleta comunista, petita, molt petita, quan li donava la meta, la nena petitona se li posava a plorar, va créixer mamant llet amb llàgrimes.
El paleta comunista no tenia respostes, tenia masses preguntes dintre seu, i ni els caliquenyos guerxos, ni el conyac, ni l'anís li donaven una puta resposta. Al proper any, mentres la cosina Maria tornava al poble de teulades de pedra grisa, va parir una nena amb el nas com el pinyol d'una oliva, primeta com el blat, mai se li estava quieta, era com el paleta comunista: sempre fugia, mai, mai plorava, tan sols fugia. El paleta comunista no en sabia d'estar-s'hi, va deixar la feina solitària dels paletes i es va sindicalitzar a la fàbrica de teixits del poble, el paleta comunista volia fer esclatar la revolució, no va poder, tan sols va poder fer esclatar la caldera de la fàbrica de teixits.El següent any, va parir una nena amb rínxols negres, vermella i amb el nas com el pinyol d'una oliva, va néixer al mig d'un turonet, amb la cara pigada i laforça, va parir una nena plena de força.
Mentres els infants deixaven de ser-ho, ella patia mal de caps que la feien plorar amb quietud i silenci.
-Per què ploreu mare?
-No ho sé, no sé on neixen les llàgrimes, ho saps tu?
-No ho sé mare, no digueu aquestes coses, no us amoïneu dona.
Un diumenge després de la missa de dotze va pujar al camp de futbol buscant el paleta comunista, no el va trobar, tan sols veia el fill corrent darrera el davanter centre i les filles mirant-se la derrota dels locals.
-Mare, què teniu? Que busqueu el pare?
-Tinc mal de cap, aquest mal de cap de sempre, no ho sé, vull saber on neixen les llàgrimes.
-Què voleu dir?
-Això, on neixen les llàgrimes?
-No ho sé mare...
-Neixen davant o darrera dels ulls?
-No ho sé mare...
-Què hi ha darrera dels ulls, què hi ha davant dels ulls, què és el que em fa plorar, què és el que fa que neixin les llàgrimes?
Aquell dilluns de tardor el paleta comunista es va buidar l´ull esquerra amb un ganivet de mànec vermell mentres resava una oració tot just apresa damunt de la gespa del cementiri on varen enterrar la seva dona. Diu que amb l'ull dret podia veure com naixien les llàgrimes darrera i davant dels seus ulls.
Jordi
-Maria, Maria! -li va cridar a la seva cosina.
-Digues.
-On és que neixen les llàgrimes?
-Què?
-Digue'm, on neixen les llàgrimes?
-Calla nena i camina.
Va acabar d'arribar al cim del pujolet sense mirar enrera, volia somriure, no en tenia ganes, però ho volia fer, no va poder, un parell de llàgrimes se li van escórrer galta i nas avall. La cosina caminava més de pressa i calia anar al seu darrera, ella coneixia el camí. De camí a Barcelona va dormir quasi bé tot el viatge, la cosina li havia dit que si dormia no tindria gana iaixò, era de les poques coses que ella també sabia. Quan la cosina Maria li va ordenar baixar del tren, la realitat se li va fer somni, va voler mirar tot el que li cabia als ulls i no va poder, va fer tant d'esforç que una llàgrima va fugir-li sense cap mirament i li va arribar fins ben bé els llavis, la va tastar, era dolça, molt dolça.
-Maria, Maria!
-Què vols?
-Digue'm on neixen les llàgrimes, les dolces.
-Calla nena, calla d'una vegada, i camina que farem tard.
Un cotxe les va portar fins un poblet d'esglésies on mai fan niu les cigonyes.
L'endemà, al matí, quan es va mirar davant de l'espill amb aquell vestit tan negre i aquell davantal tan blanc, els cabells trenats i recollits amb un llaç encara més blanc que el davantal, es va posar a plorar, plorava sense llàgrimes, reia.
Els diumenges, després de servir l'esmorzar a l'hotel on treballava, sen'anava a missa amb el vestit tan negre i els cabells trenats i recollits amb aquell llaç que li feia la cosina. Fora l'església s'hi quedava un paleta comunista que se la mirava amb silenci. “Que n'ets de maca” li va semblar sentir dir al paleta comunista, un diumenge en acabada la missa de dotze. No va poder dir res, se'l va mirar i una llàgrima li va regalimar fins aturarse-li al pit.“Que n'ets de maca” li va tornar a dir el paleta comunista en acabada la missa de dotze d'aquell diumenge d'estiu, ella tan sols li va somriure i li va acceptar la muda companyia fins la porta d'entrada a l'hotel.
-Casa't amb mi.
Va engolar la veu el paleta comunista aquell diumenge uns segons abanç que ella s'acomiadés per anar a servir el dinar a l'hotel. Se'l va mirar i li va dir que sí, que es volia casar amb ell, mentres plorava neguitosa, llàgrimes gruixudes i eixutes.
-Per què plores maca?
-No ho sé, no sé on neixen les llàgrimes, ho saps tu?
-No ploris, maca.
Un hivern va parir un infant amb l'ajuda d'una llevadora que li apropaba draps humits i calents. Les llàgrimes li sortien a batzegades dels ulls inflats, volia tastar-les, però totes li fugien amb la intenció d'aturar-se en arribar-li al melic, omplir-lo de llàgrimes fins que vessés i així mullar-li tot elventre, el bonyet que tenia en lloc del melic ho impedia. L'infant no plorava, no en sabia de plorar, en sabia de riure, tot ell reia.
Un any després va parir una nena tan vermella com l'ànima del paleta comunista, petita, molt petita, quan li donava la meta, la nena petitona se li posava a plorar, va créixer mamant llet amb llàgrimes.
El paleta comunista no tenia respostes, tenia masses preguntes dintre seu, i ni els caliquenyos guerxos, ni el conyac, ni l'anís li donaven una puta resposta. Al proper any, mentres la cosina Maria tornava al poble de teulades de pedra grisa, va parir una nena amb el nas com el pinyol d'una oliva, primeta com el blat, mai se li estava quieta, era com el paleta comunista: sempre fugia, mai, mai plorava, tan sols fugia. El paleta comunista no en sabia d'estar-s'hi, va deixar la feina solitària dels paletes i es va sindicalitzar a la fàbrica de teixits del poble, el paleta comunista volia fer esclatar la revolució, no va poder, tan sols va poder fer esclatar la caldera de la fàbrica de teixits.El següent any, va parir una nena amb rínxols negres, vermella i amb el nas com el pinyol d'una oliva, va néixer al mig d'un turonet, amb la cara pigada i laforça, va parir una nena plena de força.
Mentres els infants deixaven de ser-ho, ella patia mal de caps que la feien plorar amb quietud i silenci.
-Per què ploreu mare?
-No ho sé, no sé on neixen les llàgrimes, ho saps tu?
-No ho sé mare, no digueu aquestes coses, no us amoïneu dona.
Un diumenge després de la missa de dotze va pujar al camp de futbol buscant el paleta comunista, no el va trobar, tan sols veia el fill corrent darrera el davanter centre i les filles mirant-se la derrota dels locals.
-Mare, què teniu? Que busqueu el pare?
-Tinc mal de cap, aquest mal de cap de sempre, no ho sé, vull saber on neixen les llàgrimes.
-Què voleu dir?
-Això, on neixen les llàgrimes?
-No ho sé mare...
-Neixen davant o darrera dels ulls?
-No ho sé mare...
-Què hi ha darrera dels ulls, què hi ha davant dels ulls, què és el que em fa plorar, què és el que fa que neixin les llàgrimes?
Aquell dilluns de tardor el paleta comunista es va buidar l´ull esquerra amb un ganivet de mànec vermell mentres resava una oració tot just apresa damunt de la gespa del cementiri on varen enterrar la seva dona. Diu que amb l'ull dret podia veure com naixien les llàgrimes darrera i davant dels seus ulls.
Jordi
Así le dije
Regó con tantita arcilla la tierra amarillenta y rajada, nomàs de a poquito, la sacò del costalito mediano, quesque pa`que le agarrara el color naranja de la tarde, asì le dije, asì le hizo. Sacudiò las manos hora rojas, antes morenas, se sentó a unos pasos de la regazón, se descalzó y se quitó pantalón y calzón, lo templado de abril y lo previsor del Don le aconsejaron hacerle así. Metió las manos hasta las muñecas, bien dentro del costalito chico, las sacó blancas y agüecadas, cargadas de cal, se le acercó de nuevo a la regazón de arcilla y mero encima le vaciò el contenido, como que haciendo una raya, gruesa y blanca, fuè por otro tanto de cal y le completó la raya, hora se la miró como si fuera pájaro, desde lo mas alto que pudo, parado en las puntas de los pies,asì a ojo de pàjaro le dejò escurrir una poca de saliva de la boca, cayó como a una cuarta por encima de la mitad de la raya, ahì quedò la marca, se fuè al costalito chico por otro tanto de cal y le atravesò otra raya por encima de la primera, en la mera marca, se alejó unos pasos, nomàs pa`mirar el trabajo, se volviò a acercar a la cruz, le corrigió los pequeños puntos de cal que se habían desperdigado de las rayas gruesas, mirò de nuevo, le pareciò que estaba bien, el Don se alejo de la regazón roja, hora necesitaba orinar, solo se podìa quitar lo blanco de la cal con sus orines, con las manos blancas no podía tocar nada màs, asì le dije y así le intentaba hacer, nomàs que la orina no le quería salir del cuerpo, se arrepintió de no haber prevenido esa parte, recordó que había dudado entre tomarse la cerveza que traía en el morral antes de regar arcilla y cal o hacerlo justo cuando terminara todo el trabajo, previno la imposibilidad de orinar sobre sus manos con el pantalón y el calzón puestos, pero no previno que tal vez no podría orinar, el Don trataba de recordar el sonido de la lluvia, el del río, pero la orina no aparecìa, de pronto recordó a un cerdo chiclán que había tenido hacía unos años,“el miòn” le llamaban, del puro recuerdo, el Don pudo limpiar todo lo blanco de las manos, en pocos instàntes volvieron a ser morenas como casi siempre. Se puso de nuevo el calzón y el pantalón y se acercò a la cruz, justo frente a ella, cabò un pequeño hoyo, aunque la tierra era reseca y dura, las manos del Don lo eran más, sacó de su morral un olote y lo enterró, cubriò el hoyo con la misma tierra, caminò siete pasos en direcciòn al oriente y se sentò a mirar el aterdecer, era la hora en que tenía que terminar todo el trabajo, ya nomàs le faltaba cantar, así le dije y así le iba a hacer, se cantò “La Jarretona” esa le gustaba.
Hora pa`los siguientes meses, cada viernes primero de mes tenìa que ir frente a su milpa, sentarse mirando la puesta de sol, cerca de la cruz de cal y cantarse algo, si la lluvia y el viento borraban la cruz de cal no importaba, eso si, mientras más le durara, mejor sería la cosecha, así le dije, y aunque ya pa´l segundo mes estaba borrada por completo, el Don seguìa sentàndose donde mas o menos habìa estado.
Antes de visitarme, el Don le había intentado de otras maneras, la falta de buenos resultados hicieron que se cansara de todo, cada año sus cosechas eran peores, un año consiguiò un crédito pa`fertilizantes, regó el contenído de los costales por todos los surcos, a lotro año le dieron semillas transgénicas, eso sin dejar los mayordomajes del Santo Patrono, ni las misas, ni los diezmos, lo provó casi todo, y cada vez la tierra le daba menos, ya no importaba si las lluvias eran buenas, sus cosechas siempre eran malas, entre mala cosecha y mala cosecha, sus hijos se le fueron a trabajar al otro lado, fuè entonces cuando me vino a ver, empezó a preguntar y pues le dije como le tenía que hacer, ese mismo día que nos vimos se fué corriendo a contarle a la Doña, ella nomás se le quedó mirando y luego se fué, ya no la volvió a ver más. El Don se aferró a lo único que le faltaba intentar y se fuè a trazar una cruz de cal sobre tierra naranja, así mero como le dije, así mero le hizo. El primer mes se fué a cantar a la milpa justo al atardecer del primer viernes, era cuando todavía se veía toda la cruz, gruesa y blanca, terminó de cantar y se bebió la cerveza que había comprado en la tienda.Ya para el segundo mes empezó a ir a cantar todos los viernes de cada semana, no importaba si era laprimera, o la tercera, antes de irse pa`la milpa, siempre se pasaba por la tienda y se compraba la cerveza pa`después del canto, así no le dije, pero el Don siempre pensó que por echarle de más en los cantos, no le iba a echar de menos en maíz.Ya para julio, el Don se pasaba dos o tres tardes por semana cantàndole a su milpa mientras veía como iba creciendo, siempre con la cerveza en mano y, según decía él, el canto en el pecho. Las lluvias fueron justas ese año, serìa eso o sería la cruz, el olote, la arcilla y los cantos al atradecer, pero la milpa del Don iba creciendo como hacía años no se le vía crecer. En agosto el Don no faltaba ni un solo dìa a su cita frente a la milpa, hora se llevaba tres o cuatro cervezas dentro del morral y los cantos cada vez se le iban alargando, el repertorio musical se le terminò y empezó a repetir canciones, así no le dije que le hiciera, pero como el Don casi podía mirar como crecía día con día el cultivo, eso le impulsaba a cantarle todas la tardes a su milpa, se creía que aún le crecería más. Llegó septiembre, algunos compas del Don empezaron a recoger sus cosechas, él nomás seguía cada día cumpliendo sus visitas al atardecer, con sus cantos y sus cervezas, hora ya tenía que cosechar, la milpa le daba puro maìz pa`semilla, del puro bueno, del mejor. Ese viernes se pasó a la tienda y empezó a beberse algunas cervezas ahí mero en el mostrador, casi sin hablar con nadie, nomás pidiendo, bebiendo y pagando, cuando vió que era la hora de irse pa´la milpa, llenó el morral de lazo lo más que pudo de cerveza y se fué. Dicen los que lo vieron, que ya cuando iba con rumbo a la milpa ya se le veía retebien pedo, en veces hablando solo, hora mentando madres, hora risa y risa, hora cante y cante. Llegó justo al atardecer como cada día de los últimos meses, se sentó donde siempre, cerca de donde había estado la cruz blanca y volvió a cantar “La Jarretona”esa le gustaba un chingo y luego un trago, se le quedó mirando a los cerros lejanos, al cielo rojo y a su milpa preñada de maíz, bebió otro trago largo, cantó de nuevo mientras todo se iba poniendo negro, y a más tragos menos canto.
Al Don lo encontraron colgado de un árbol, bien pedo ybien muerto, dicen que más pedo que muerto, unos dicen que se le veía en la cara el gesto retador, como de quien quiere pelear y ya no puede, otros dicen que sele notaba en la cara la pura risa, yo creo que al Don la muerte le peló los dientes. Así le dije que le hiciera, y así le hizo.
Jordi
Hora pa`los siguientes meses, cada viernes primero de mes tenìa que ir frente a su milpa, sentarse mirando la puesta de sol, cerca de la cruz de cal y cantarse algo, si la lluvia y el viento borraban la cruz de cal no importaba, eso si, mientras más le durara, mejor sería la cosecha, así le dije, y aunque ya pa´l segundo mes estaba borrada por completo, el Don seguìa sentàndose donde mas o menos habìa estado.
Antes de visitarme, el Don le había intentado de otras maneras, la falta de buenos resultados hicieron que se cansara de todo, cada año sus cosechas eran peores, un año consiguiò un crédito pa`fertilizantes, regó el contenído de los costales por todos los surcos, a lotro año le dieron semillas transgénicas, eso sin dejar los mayordomajes del Santo Patrono, ni las misas, ni los diezmos, lo provó casi todo, y cada vez la tierra le daba menos, ya no importaba si las lluvias eran buenas, sus cosechas siempre eran malas, entre mala cosecha y mala cosecha, sus hijos se le fueron a trabajar al otro lado, fuè entonces cuando me vino a ver, empezó a preguntar y pues le dije como le tenía que hacer, ese mismo día que nos vimos se fué corriendo a contarle a la Doña, ella nomás se le quedó mirando y luego se fué, ya no la volvió a ver más. El Don se aferró a lo único que le faltaba intentar y se fuè a trazar una cruz de cal sobre tierra naranja, así mero como le dije, así mero le hizo. El primer mes se fué a cantar a la milpa justo al atardecer del primer viernes, era cuando todavía se veía toda la cruz, gruesa y blanca, terminó de cantar y se bebió la cerveza que había comprado en la tienda.Ya para el segundo mes empezó a ir a cantar todos los viernes de cada semana, no importaba si era laprimera, o la tercera, antes de irse pa`la milpa, siempre se pasaba por la tienda y se compraba la cerveza pa`después del canto, así no le dije, pero el Don siempre pensó que por echarle de más en los cantos, no le iba a echar de menos en maíz.Ya para julio, el Don se pasaba dos o tres tardes por semana cantàndole a su milpa mientras veía como iba creciendo, siempre con la cerveza en mano y, según decía él, el canto en el pecho. Las lluvias fueron justas ese año, serìa eso o sería la cruz, el olote, la arcilla y los cantos al atradecer, pero la milpa del Don iba creciendo como hacía años no se le vía crecer. En agosto el Don no faltaba ni un solo dìa a su cita frente a la milpa, hora se llevaba tres o cuatro cervezas dentro del morral y los cantos cada vez se le iban alargando, el repertorio musical se le terminò y empezó a repetir canciones, así no le dije que le hiciera, pero como el Don casi podía mirar como crecía día con día el cultivo, eso le impulsaba a cantarle todas la tardes a su milpa, se creía que aún le crecería más. Llegó septiembre, algunos compas del Don empezaron a recoger sus cosechas, él nomás seguía cada día cumpliendo sus visitas al atardecer, con sus cantos y sus cervezas, hora ya tenía que cosechar, la milpa le daba puro maìz pa`semilla, del puro bueno, del mejor. Ese viernes se pasó a la tienda y empezó a beberse algunas cervezas ahí mero en el mostrador, casi sin hablar con nadie, nomás pidiendo, bebiendo y pagando, cuando vió que era la hora de irse pa´la milpa, llenó el morral de lazo lo más que pudo de cerveza y se fué. Dicen los que lo vieron, que ya cuando iba con rumbo a la milpa ya se le veía retebien pedo, en veces hablando solo, hora mentando madres, hora risa y risa, hora cante y cante. Llegó justo al atardecer como cada día de los últimos meses, se sentó donde siempre, cerca de donde había estado la cruz blanca y volvió a cantar “La Jarretona”esa le gustaba un chingo y luego un trago, se le quedó mirando a los cerros lejanos, al cielo rojo y a su milpa preñada de maíz, bebió otro trago largo, cantó de nuevo mientras todo se iba poniendo negro, y a más tragos menos canto.
Al Don lo encontraron colgado de un árbol, bien pedo ybien muerto, dicen que más pedo que muerto, unos dicen que se le veía en la cara el gesto retador, como de quien quiere pelear y ya no puede, otros dicen que sele notaba en la cara la pura risa, yo creo que al Don la muerte le peló los dientes. Así le dije que le hiciera, y así le hizo.
Jordi
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