Primero vino el abandono, al que rápidamente le siguió el pensamiento único y absoluto, tanto de día como de noche, un pensamiento de nieve, blanco y tibio, un pensamiento de vaivenes marinos perpetuos, de campos de trigo movidos suavemente por el viento hasta la eternidad, sin descanso…poco tiempo después empezó la dificultad para tragar saliva, la sensación de tragos ardientes que descendían con dificultad por la garganta hasta la boca del estómago, el pecho reventado de un cerdo en el matadero y de pronto el grito, algo semejante a un aullido quebrado en su parte final, un grito que se revolvía con las lágrimas y la baba, todo se acumulaba, la fiebre diurna y los escalofríos nocturnos, el temblor constante, nada sustituía a nada, solo todo se acumulaba.
Aquella noche empecé a caminar con rumbo fijo, un andar silencioso de noche de domingo urbana, solo acompañado por el canto de grillos perdidos en el asfalto y el de perros despellejados sin luna a la que aullarle… y ahora les diré el secreto, éste es el secreto, el secreto que de niño me contaron y que –traicionando a quien me lo contó- ahora les cuento para que todos aquellos que lo buscan dejen de hacerlo, ya que es imposible encontrarlo, es un secreto que no tiene ningún sentido conocer ya que no puede ser alcanzado por nadie cuando alguien ya lo ha alcanzado y en mi andar nocturno lo he desvelado, el secreto radica en que el centro del vacío se encuentra en el Ombligo de la Luna, exactamente dentro de mi pecho reventado como el de un cerdo en el matadero.
Jordi
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1 comentario:
Querido cuentero, la misma pena desde Barcelona:
'Ciudad
ya tan lejana!
Lejana junto al mar: tardes de puerto
y desamparo errante en los muelles.
Se obstinarán crecientes las mareas
por las horas de allá.
Y serán un rumor,
un pálpito que puja endormeciéndose,
cuando asoman las luces de la noche
sobre el mar.
Más, cada vez más honda
conmigo vas, ciudad,
como un amor hundido,
irreparable.
A veces ola y otra vez silencio'.
(Gil de Biedma).
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