sábado, 8 de septiembre de 2007

La culpa de dios

Fue dios, el culpable de todo esto, fue dios, un dios ancestral, un dios viejo e incluso medio pendejo, minúsculo hasta en la d de su nombre de dios, de él proviene todo el poder y justamente no es en eso en lo que radica su pendejez… su pendejez - equiparable a la humana - radica en la distribución del poder, lo cual lo convierte en un dios humanizado, en una negación de si mismo, en un dios negado y pendejo, eso sí y mucho.
El hecho divino es otorgar el poder, otro y muy distinto es regarlo como lluvia tropical que moja a todos y otro – que es el que nos atañe - es cederlo a otros para que sean ellos quienes a su vez lo otorguen, tan estúpido el mecanismo, tan presente su ejecución y resultados.
La consigna divinamente poderosa recae depositada en objetos varios: platos con filos dorados, vasos que hacen juego con los platos de filos dorados, manteles de algodón bordados, vitrinas repletas de angelitos de lladró, zapatos de piel marrón, jabones redondos con un hueco en el centro, bolígrafos sin tinta, espejos de marcos dorados, lámparas de pié y de rodillas, cobijas de leones y tigres y caballos y focas, metros cuadrados de régimen fiscal urbano, metros cuadrados de régimen fiscal rural, antenas de conejo y de las otras, tubos de rayos catódicos enfundados en plástico, pantalones de lana, una silla mecedora, un corral para infantes, tres juegos incompletos de cubiertos de plata grisácea y una caja verde repleta de adornos navideños que incluye cinco series de luces de colores de manufactura china que el año pasado servían – resplandecientes - sin lugar a dudas.
Aquel que logra poseer cuando menos alguno de los objetos anteriores o similares, ya sea porque los ha heredado, encontrado, robado, rifado o cualquier otra modalidad de obtención de objetos de poder distinta a las anteriores pero efectiva, logra poseer el poder.
Así de sencillo.
Así de sencillo.
Detentarlo no es lo mismo que ejercerlo y justo aquí y - así de sencillo - es donde se verifica de forma clara la pendejez extrema de dios, a todo aquel que tiene el objeto, le otorga el poder, a más objetos más poder, creando de ésta manera un pendejismo exponencial y paralelo al poder y que se resume en un poder divinamente pendejo, y ante lo divino sobran todos los adjetivos y ante lo pendejo también.
La mirada del poderoso lo gobierna todo, un parpadeo es capaz de expulsar a dios del nicho donde no duerme nunca junto al paraíso, del minúsculo paraíso de un dios minúsculo, los ojos del poderoso lo gobiernan todo sin ningún temor más que el que infunde su propia mirada, los espejos son letales y prohibidos.
El poderoso mira, parece que mira, pero el poderoso no mira, el poderoso puede y lo puede todo, mientras que aquellas mayorías carentes de todo poder no pueden nada, él lo puede todo y en cada parpadeo se va alimentando del alma de los derrotados, de los sin objetos, mientras más mira, más se empodera y así hasta el infinito, hasta el infinito donde en un nicho entre el paraíso y el infinito no duerme dios.
Es por eso que digo que la culpa es de dios, de su pendejez, ¿qué puede esperar uno si hasta los dioses los tiene pendejos?
No hay lucha que valga, no hay palabra capaz de romper la inercia ancestral del poder, no hay nada.
Así de sencillo.
Así de sencillo.
Queda el vacío, el mismo vacío que está en uno de los siete rincones del desierto del norte… y aún así y después de todo habrá alguno que dirá que queda el amor, que queda el refugio del amor, no le rebatiré ninguno de sus argumentos, incluso puede ser que le asista la razón o que nomás ande haciéndole a la mamada, sea como sea, por ésta vez no diré nada, así de sencillo, simplemente pediré que alguien tenga un poco de piedad y me saque de aquí, que me abandone sin consignas o con ellas, pero que hago todo aquello que sea necesario para que el poder quede, para que el poder sea y yo no quede y no sea.
Jordi

2 comentarios:

Anónimo dijo...

'Jo sóc un pallasso, més bo que no la fama que tinc de moment. I hi ha un ésser catòlic que em cal urgentment: Marie, precisament la que vosaltres m'heu pres'.

(Opinions d'un pallasso, de H. Böll).

Anónimo dijo...

Traducción al castellano de la cita de Böll realizada por Vila-Matas, poeta catalán que no tiene la Orden de Santiago:

'E sus villas e sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló'...

(Copla de Manrique).