Me soltaron en la parte norte del desierto, eso es lo que me dijeron, su peculiar forma de interactuar con los demás tiene como principal característica al abandono, y no me refiero a pequeños abandonos mamones, salvados siempre por el perdón y la redención, nada de eso, son abandonos en desiertos ojetes y soleados, secos y ajados como la piel de los viejos.
Me soltaron en la parte norte del desierto y como toda compañía me dieron un puto casete de los Temptations, que para acabarla de chingar ni tan siquiera me gustan, lo que para efectos de esto que ahora leen no importa en lo más mínimo porque han de imaginar que no había posibilidad alguna de oír el casete de los Temptations en el desierto del norte e incluso tal vez ni siquiera era un casete de los Temptations, aunque justamente eso es lo que decía en los renglones del lado A y del lado B.
Caminar, solo caminar, rodeado de arena, cielo y sombra, eso es lo que hice, la consigna era clara: “caminarás hasta encontrarte”
Yo nunca los dejé, nunca les pedí que me abandonaran en ningún lugar o peor aún: que me abandonaran a secas, fueron ellos quienes lo decidieron, me condenaron al abandono perpetuo en éste desierto gigantesco y horrendo… pero la condena es clara y no admite perdón, desde ese día me repito a cada instante aquello que me dijeron: “caminarás hasta encontrarte” y justo cada vez que se repite la frase por dentro y por fuera de mí, ahora aparece acompañada de los acordes de una marcha fúnebre.
Es por las noches cuando camino y durante los días intento dormir, últimamente tengo un sueño recurrente, casi tan recurrente como los acordes de la marcha fúnebre, en el sueño me embarcan en una balsa llena de monstruos incomprensibles, difusos y contrahechos, pero me parecen muy divertidos y seguramente yo se los parezco a ellos - a juzgar por sus risas desdentadas - es un sueño relajante y en ocasiones incluso es hermoso, he llegado a pensar que ese es el destino final de mi caminar, pero quienes me soltaron en la parte norte del desierto hablaban - o más bien gritaban – de caminar y de encontrarse, jamás mencionaron a los sueños, que por otro lado nada tienen que ver con la vigilia, y mucho menos con la vigilia del desierto apenas alumbrada por débiles rayos de luna solitaria y sonorizada por arena resbalando sin jamás ser contenida.
Me alimento de lo que han ido dejando - aquí y allá - todos aquellos a los que abandonaron en éste desierto y supongo que con la misma consigna de caminar hasta encontrarse, bebo en los pequeños manantiales permanentemente resguardados por pájaros mudos similares a los cuervos, tengo una vida proveída, en nada hay escasez y sigo mi camino que a veces - demasiadas veces - me parece un camino con un único final y no precisamente el que yo desearía, pero al fin final.
Si por desgracia son condenados al abandono en el desierto del norte, tan solo les puedo decir que en el desierto solamente existe él, el desierto, él casi es el dueño absoluto de la nada, solo existe una salvedad, dentro del desierto y en uno de los siete pequeños rincones que lo forman se encuentra el vacío y dentro de él hay un hombre escribiendo La parte norte del desierto.
Jordi
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1 comentario:
me gustó tu escrito boss, como que ahora como que siento que escribiste un tanto diferente, lo que no me gustó es que digas que te encuentras en el desierto del norte y en el vacío, a veces nos sentimos así pero si afirmamos que vivimos inmersos en ellos poco a poco uno se lo cree tanto que solitos nos trazamos ese andar tan molesto y vagabundo.
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