viernes, 19 de junio de 2009

Apuntes de la fiebre del puerco (mayo 09)

De noche camino por Reforma con rumbo fijo a Avenida Juárez, como creo que vale la pena repetir la experiencia, hoy vuelvo a caminar por Reforma.

En Dante la música es gratis para la mayoría y las aglomeraciones a la entrada de los bares son falsas, casi nadie quiere entrar, casi todos solo quieren oír.

He caminado poco esta semana por las calles del Centro, el deseo de hacerlo no ha disminuido, el tiempo si.
Hace unas horas estaba dispuesto a entrar en la Cantina del Tío Pepe, imagine con claridad la escena donde abatía con paso seguro las puertas cantineras y directamente me dirigía a la barra para recargar mi codo derecho sobre ella mientras pedía una cerveza, he llegado justamente a sus puertas de hojas abatibles pero me ha faltado el valor de abrirlas y empezar a cumplir con lo imaginado, he notado el fulgor de turquesa intenso de mi playera y he desistido de apoyar el codo derecho en la barra mientras bebo una cerveza, eso y la posibilidad de la escritura actual me han hecho desistir sin duda.

Camino descalzo hasta la ventana y tengo la gloriosa posibilidad de mirar al abismo del cubo interior desde este quinceavo piso.

Son días de fiebres de puercos que contagian humanos o viceversa, tiempos de pestes medievales e influenzas españolas reeditadas, de reclusión forzada por mandatos estatales que buscan mayorías en el Congreso.
Mientras los grandes "enemigos del Estado" han sido claramente identificados, los enemigos internos en forma de virus mutantes y los externos en forma de humanos de ojos rasgados y con acento cubano y argentino, la falsa osadía recae en unos pocos que hemos decidido quitarnos el tapabocas y los guantes de látex, nada de jabones ni líquidos viscosos y antisépticos, lo único que queremos es un café en el Café de La Habana

Entre polvos y polvorones, del Toledo al Savoy.
En el Savoy ofrecen lugares para parejas y mujeres solas, aventajan al metro y al Servicio Atenea que discrimina claramente a las parejas. Hoy proyectan “Pulp Friction”

Hay un abandono de palabras, tanta comodidad, tanto culto a la estupidez, tantas ganas de evitar a la razón y seguir tumbado frente a un televisor soportado por quince pisos de hormigón y acero.

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