No nació con tara alguna, nada en su código genético mostraba la mínima anormalidad, ninguna disminución física aparente ni mucho menos oculta. Obtuvo calificación de diez justo a partir del momento en que vio la primera luz, jamás padeció carencias alimentarias, jamás la negación de un servicio de salud, ya fuera prioritario o de una estética superficial abrumadora, creció dentro del seno de lo que llaman una familia funcional, contó con los más altos estándares educativos desde aquellas primeras incursiones escolares donde solo era capaz de arrastrarse y aún no podía controlar sus esfínteres, hasta alcanzar la licenciatura, el postgrado, y las consecuentes maestría y doctorado en el extranjero. Nunca padeció de la agresión de la intemperie, solo el aire confortablemente acondicionado, depurado, ionizado y filtrado entró en el par de pulmones que contenía detrás de unas enormes tetas perfectamente redondas y coronadas con un par de pezones respingados. Meticulosamente fueron seleccionadas sus amistades, ninguna de ellas fue dejada al azar –que poco tiene de venturoso- y solo la hierva selecta y bien podada y las aguas cloradas y contenidas en albercas de mosaicos de azul lustroso acariciaron su cuerpo de caderas imponentes y nalgas de silicona.
Si fue penetrada, hecho que desconozco pero que de antemano pongo en duda, lo fue mediando latex lubricado en genitales y sin lubricar en ambas manos, factor de vida que la acerca claramente a la Santidad mayúscula. Múltiples fueron sus viajes, múltiples las clases particulares y múltiples los maestros domiciliados, múltiples también sus incursiones en todas y cada una de las Bellas Artes, con resultados por demás esclarecedores de que para ella, los límites son absolutamente inexistentes.
Jamás escuchó la palabra no y –cabe pensar- que tal sordera parcial explica claramente la incomprensión del significado de la palabra.
Aunque es innegable que hay una contribución importante del entorno vivido, su estupidez suprema le pertenece esencialmente a ella, la estupidez suprema es toda suya
Paso a paso y tenazmente la consiguió hasta llegar a ser este ser monstruosamente vulgar y estúpido que se monta en una camioneta casi tan roja como la sangre que no corre por sus venas
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario