Ojos de Otoño es a pulsiones, rápidas y potentes, sístole y diástole… de ilimitada fuerza, en ella vive mi casa de ombligo abismal, mi única casa: “Casafamilia”, recoveco del llanto y de las pequeñas trascendencias a las que –a veces, solo a veces- podemos acceder.
Duerme en una terraza junto al mar, bajo arrecifes de coral y algas de un verde plastificado, cada noche cubre su sueño con cobijas desesperadas y repletas de pesadillas obreras, de esas que confunden el tiempo con el espacio y el hambre.
Ojos de Otoño tiene todos los nombres y con ellos hace malabares funambulistas que le permiten cruzar la ciudad descomunal casi todos los días.
Dibuja un cerdo sin diente y una criatura con un solo ojo, flores envueltas en satines pesados y ligeros, pieles de tigres rosas y de víboras moradas, texturas infinitas y diminutos íconos de cuarenta y dos centavitos, Ojos de Otoño nada en la alberca del techo de la Alameda porque ella es del agua y yo soy de ella.
Jordi
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1 comentario:
ojos de otoño esconde entre sus sueños y su vida diariaun gran tesoro, uno de esos queno todos tiene.
Ojos de otoño llora muchas veces y otras sonríe porque teme que su tesoro se esfumealgún día.
Ojos de otoño quiere dormir y vivir a diario entre los brazos de aquel tesoro. Ojos de otoño nunca, ni en sueños deja de pensar en él, porque él es su gran tesoro. Tú eres mi gran tesoro y te amo por quien eres. Nunca dejes de quererme
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