No fue en la estación del metro Balderas como reseñó Rodrigo González, ni tampoco fue una despedida, más bien fue un encuentro, fugaz, pero encuentro al fin, y la mera verdad es que fue en Tacubaya. Al final del anden semivacío y sentada en el resbaloso piso de losetas grises, estabas esperando, supongo que al convoy anaranjado, no me atreví a acercarme más de la cuenta y espantar tus pensamientos, los cinco metros que nos separaron me parecieron distancia suficiente, para verte y no perturbarte, la ciudad nos hace repeler el contacto personal, nos estimula el miedo al otro, aunque ese otro sea yo y solo imité tu posición de contacto con el resbaloso piso de losetas grises. Tras de ti, entre yo, y frente a ti me senté, en los"de a solo", así de frente, buscando tu mirada que no encontré hasta San Pedro de los Pinos, unos niños jugaban con sus padres y sus risas eran el mejor pretexto para dirigir mi mirada hacia ellos, mirada que pasaba obligadamente por tus ojos. En San Antonio me pareció notar una pequeña sonrisa,pero no estaba del todo seguro, de lo único de lo que estaba seguro era de que estábamos prontos a llegar a Mixcoac y tenía que hablarte, el puto metro funcionaba como nunca, no se detenía entre estaciones, era unaverdadera obra de ingeniería, perfecta, volviste a sonreír y continuamos hasta Barranca del Muerto, más allá de Barranca del Muerto no hay nada, ni madres, nada, el metro se acaba en Barranca y también esta historia... pero con todo el valor que no me caracteriza, con toda esa carencia enorme de palabras, te mire a los ojos y logre decir:
-hace mucho calor...
grandiosa frase, puta madre, pinche pendejote, qué chingados es eso: "hace mucho calor", cinco estaciones de metro, treinta y seis años de vida, escuelas, lecturas, solo para decir: "hace mucho calor", lo peor es que no me escuchaste y tuve que repetirlo, y ahora con todo el conocimiento de que la frase era lo más pendejo que había dicho en años, probablemente en toda mi vida, lo repetí:
- hace mucho calor
y claro como eres una mujer educada, te reíste, conmigo o de mí no importa, pero te reíste, y "el que se ríe se aguanta" y pues en Barranca salimos juntos, digo, uno junto al otro rozando con mi hombro el tuyo, en las escaleras que ahora funcionaban a la perfección y que por lo tanto harían que llegáramos rapidísimo a la superficie. Dos escaleras eléctricas y tu trabajo de mesera, el mío de trabajador de las telas, tus estudios en pintura, los de mi hermana en grabado, tu padre gallego, y los míos catalanes, tu viaje a Francia y el mío al Zócalo, tu nombre de luna y el mío de casi siempre. Te subiste al taxi con mi número de teléfono, yo te dije hasta luego con la carterita de cerillos del restaurante donde trabajas, te subiste al taxi con la promesa de llamarme, yo camine con la seguridad de no olvidarte nunca, te subiste con el bolígrafo que compramos juntos, me fui caminando con el cielo más azul de todos, y la luna aparecía en él y ha decir verdad... hacía muchísimo calor.
Jordi
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
jajaja este también está cagado, nada más que en vez de pájaros, son personas. Caray pues qué decirte que a cualquiera le pasa eso, a vces uno dice las cosas menos pensadas, las cosas más bobas o simplemente muchas veces se queda uno sin decir ni una sola palabra. Pero por dentro uno está que se le lo lleva la chin....bruto, inoportuno, o pende....sí así es, desgraciadamente o agraciadamente actuamos a veces de tales maneras, pero esos pequeños detalles que nos vuelven quizás tan impotentes e imbéciles (disculpa mi vocabulario) son aquellos que nos hacen ser vulnerables, estúpidos y auténticos.
Publicar un comentario