martes, 14 de agosto de 2007

El morral marrón

Se llenó de despojos, despojos de si mismo, los juntó toditos en un morral marrón de tirante, con tirante de los que te cruzan el pecho y lo parten en dos en una diagonal imperfecta, de esos que después traerán una bolsita para que la rellenes de teléfonos. Caminaba erguido con sus despojos enmorralados pegaditos a la espalda baja, cerquita del culo alto, con pisadas firmes y largas, severo, mamón, muy mamón. De tanto en tanto se meneaba el paquete con todo y güevos en una actitud francamente entre retadora e infecciosa, más notoria, la actitud, en las esquinas que entre ellas. Azul, vestía pantalón de mezclilla azul, deslavado a la altura de los genitales bajos y las rodillas, camiseta negra, antes negra, ahora gris, al momento en que se leerá de él, será gris, será la misma y, ni el sol tira sus rayos en vano, ni los pigmentos soportan tal insolación, será gris. Teni gris con tres franjas plateadas cuando vaya pisando del lado derecho. Teni negro de lona cuando toquen las pisadas zurdas, pura calceta blanca a ambos lados... y el morral, el morral marrón, el repleto de despojos.
Del relleno mejor ni leer, el relleno son los despojos y los despojos cuando son de uno cuesta mucho trabajo andar leyendo de ellos, y cuando los despojos no son propios, ni siquiera prestados, no se pueden leer. Va gritando, va leyendo, tiene el monitor de cristal líquido de un teléfono rellenador de bolsitas de tirante morralero marrón como apuntador:
“Hasta mañana Don Quijote imaginativo” lee y grita“Hasta mañana Dulcinea imaginada” lee“Suena Matrosi y no puedo imaginar” escribe y grita.
Nadie lo lee.
Se llena de despojos de si mismo, juntos todititos, enmorralados, guardados.
En octubre lo vieron de nuevo, bien llenito el morral, los morrales, los tirantes carrilleros, “Los despojosde la Revolución” lee y grita“Hasta mañana Don Quijote imaginativo” lee y grita Va llorando, el puto va llorando.

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