Sectarios Inocentes
Para Alejandra Ojosazulesverdesnaranjas
Nacer, crecer, reproducirse y morir
El sectario inocente no cruza el canal de parto, no nace, levanta escasos ciento sesenta y cinco centímetros del suelo, no crece, es un hijo sin hijos, no se reproduce, y aún no a muerto, el sectario inocente no es y tampoco será. 1
Esta bien, hablaré de ellos, no hay ninguna importancia en mis palabras porque tampoco la hay en ellos, solo hablaré porque tengo boca y el tiempo para hablar y porque alguien me insiste en que lo haga, así es que hablaré de ellos, de los sectarios.
Dicen – a mi me dijeron- que el primero en nacer, lo hizo en noviembre, al atardecer de un día frío de noviembre, salvo la frialdad del clima, hecho por demás común y corriente, a mí, nadie me dijo que hubiera ocurrido algún hecho digno de señalarse, si me apuran estaría dispuesto a señalar, y eso más que nada para aportarle un pequeño y fino velo de peculiaridad al hecho de nacer, que nació producto de una cesárea, sin atravesar el conducto de parto, lo parieron por el vientre bajo, hecho por demás, aún más común y corriente que nacer al atardecer de un día frío de noviembre. Salvo lo anterior no hay nada más que contar al respecto de su nacimiento, el inicio de su infancia tampoco se caracteriza por hechos, ya no digamos trascendentes, nada de eso, en todo caso, todo lo contrario, me atrevería a hablar de una infancia más bien vulgar, incluso muy vulgar, claramente vulgar, repleta de canicas y tierra, de patas de pollo y trapos, de caracoles y lluvia, de estaciones de tren y viaductos repletos de coches enormes, salvo situaciones muy particulares, que en mi caso no lo son, porque si de infancias vulgares hablamos, jamás, léanme bien, jamás podrán hablar de la mía, evidentemente infancia formativa y trascendental, forjadora de quien tiene a bien relatarles lo que ustedes conocen -de forma errónea - como La Secta o Los Sectarios Inocentes…y les decía que salvo situaciones muy particulares y más que particulares, escasas, tan escasas que no vale la pena relatar, su infancia no merece más letras que las que anteceden a éste párrafo.
Toca hablar de su adolescencia, solo porque se me ha pedido, hablaré de ella, advierto que no profundizaré en ella, porque simplemente no se puede profundizar en aquello que es llano, plano, sin fondo y vacío, solo me dedicaré, si puedo, si es que soy capaz, que lo soy, a hablar de nimiedades. Empezaré diciendo que el inicio de la adolescencia de quien ahora – erróneamente- llaman sectario inocente, ocurre en un periodo que comprende los meses de junio a septiembre y de un año específico que ahora mismo no tengo ganas de recordar ni mucho menos de exponer aquí mismo y -porque si así lo quisiera, que no quiero - fomentar el encumbramiento de un ser a todas luces despreciable, solamente les diré que el año al que se considera el de su entrada a la adolescencia está plenamente vinculado con la muerte, en una especie de metáfora de vida, el sectario entra a la adolescencia rodeado de muerte, y permítanme aquí detenerme para ejemplificar con claridad uno de los escritos de la época, en el cual y de forma notoria, se unen adolescencia y muerte:
Estamos hechos de muerte, de puros cachos de muerte, de muerte pelona, de muerte dientona, cabrona, así de muerte pues, y cuando creemos que estamos hechos de vida, ella va y te dice que me llames por teléfono en la mañana, nomás para hacerse presente, pa´ burlarse y pa´ reírse, que con ese aspecto que tiene la muerte, que otra cosa puede hacer sino burlarse y reírse.
Ya nomás me voy a dejar un cachito hecho de vida, para que la cabrona muerte, pueda seguir chingando, y para que no se me olvide nunca que estamos hechos de purititos cachos de muerte. 2
No entraré en disecciones de textos llanos, planos, sin fondo y vacíos, se me ha pedido que hable de ellos – de los sectarios inocentes - y eso, aún en contra de mi voluntad, estoy haciendo y hasta aquí llego, simplemente porque no quiero llegar a más, nunca porque no pueda, poder, siempre puedo, mi límite lo desconozco porque no existe.
Regreso, yo, a hablar de la adolescencia del sectario, si tuviera que resumirla en una sola palabra, para tal efecto inventaría una, no porque precisamente tal adolescencia requiera de palabras inventadas para definirse, sino más bien por el gusto creativo, mí gusto creativo, así es como concluyo que la palabra que define de mejor manera la adolescencia del sectario inocente es: “muradol” y después de lo anterior, como diría el poeta y el jugador de póquer: “aquí me quedo”.
Continúo con - lo que ahora se me ha convertido en una ponencia – y congruentemente con el pasado tecleado, regreso a él, al pasado definitorio donde un simple y vulgar adolescente se convierte en un sectario inocente, bebe de la fuente de la muerte como un descubrimiento que lo anula todo o simplemente recrea la vida y entra a la adolescencia de la forma más vulgar posible:
masturbándose, no hay más, así es de llano, de vacío… el sectario inocente entra de lleno a la adolescencia masturbándose como se masturba a un cerdo semental de una granja de genética aplicada a la reproducción de cerdos masturbados.
Hasta aquí y de forma más o menos clara – depende de quien recorra con sus ojos las letras – me he dedicado a exponer el inicio de la adolescencia de éste sectario inocente, pero en ningún momento he expresado su final, el final de su adolescencia, tal final – si es que verdaderamente existe – coincide con la aparición de la duda, del cuestionamiento, dudar de todo y de todos, la muerte de la adolescencia de éste sectario inocente coincide con el nacimiento de la búsqueda del conocimiento y es aquí, justamente aquí cuando nuestro individuo se convierte en lo que – erróneamente – llaman un sectario inocente, es la duda la que lo lleva a buscar la respuesta, topándose de cara con el conocimiento, el sectario, busca e incluso en ocasiones – no muchas – encuentra, el cuestionamiento lo sectariza, lo aísla, la decisión de aislamiento y sectarismo provienen de una decisión absolutamente voluntaria, por lo tanto es justamente aquí donde se desmorona la supuesta inocencia de los sectarios, no existe tal inocencia en un hecho tan razonado como lo es el aislamiento voluntario.
Dejemos la vulgar adolescencia del sectario inocente y pasemos a su etapa adulta, donde claramente podremos observar los claros signos de decadencia y destrucción, el sectario inocente se enamora, o cuando menos eso es lo que dicen de él, sería injusto, - eso sí- negarle al sectario inocente hasta un sentimiento tal como el amor, el suyo, así es que, creemos - creo - que el sectario inocente se enamora, con la obviedad de que el sectario inocente se enamora como tal, como sectario y como inocente y de quien se enamora no es ni mucho menos ni sectaria, ni inocente, tal relación y en un periodo de tiempo más bien corto, termina destruida por la incompatibilidad existente entre aquellos que son sectarios e inocentes y aquellos que no lo son, el sectario inocente se rompe, padece la fragmentación interna,
“se rompe la madre en millones de fragmentos de madre rotos”.3
El sectario se refugia –principalmente - en la literatura, el cine y el alcohol, se le puede ver caminar sin rumbo, llorar sin motivo, gritar sin sonido y beber, beber con rumbo, con motivo y a gritos, el sectario continua con esto - su etapa adulta y destructiva - de sus miradas desprovistas de vida, de la carencia de órbitas en ellas, de su olor característico a grasa, de sus múltiples tics nerviosos, podemos deducir que el sectario inocente se está reafirmando, sí en un sectario, pero jamás en inocente, no se vuelve inocente de ésta vida, no pensemos en estupideces,
“en pendejadas” 4
La etapa de vida adulta del sectario inocente continua, sin ir más lejos, continua hasta nuestros días, incluso es posible, muy posible que entre los que aquí me escuchan y entre los miles o millones que me leerán, entre nosotros, aterido a un pequeño rincón, camuflajeado con el entorno, se esconda de mala manera algún sectario inocente y perdonen la mueca de asco que aparece en mi cara cuando vislumbro tal posibilidad.
Decía, digo, que la vida adulta del sectario inocente continua forjándose una especie de presente perpetuo, alejado del pasado y sin vistas al futuro, con la única y plena convicción sectaria e inocente del polvo, de la inexistencia, el sectario inocente retoma aire a bocanadas y encuentra luces hasta en la oscuridad de los andenes del metro, mira las luces inexistentes, las crea, y le desaparecen justo instantes después de la creación, solo a Dios, al mío y único, solo Él se lo ha permitido a Él y a nadie más, el sectario se vuelve contra sí y prodiga insultos al por mayor… y aquí permítanme ejemplificar con algo de lo encontrado en éste trabajo de ardua investigación que pongo, sin humildad, a su consideración:
…-Tengo que escribir dijo el otro, tengo que escribir cuentos de terror que hagan que los niños se caguen de miedo en mitad de la clase. ¿cómo vergas escribo cuentos de terror?
-tecleando
-Digo...cuento de terror, cuento de terror donde un monstruo aparece, cuento de terror donde tu padre aparece, cuento de terror donde una gorda enfermiza aparece cogiendo con tu padre, cuento de terror donde caperucita y el lobo, Blanca Nieves y su puta madre aparecen casados como muertos culeros… 5
Paco el Jarto dijo: a mi me mola que el fir me pete el buyas…6
Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de
frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir. En el equívoco vivimos y planeamos nuestros ciclos de vida. 7
Volviendo a lo nuestro, es decir a los sectarios inocentes o “indigentes” 8
continuo con lo que es una especie de exposición de hechos representativa de aquello que - erróneamente – han decidido en llamar sectarios inocentes, y ahora, específicamente en su etapa adulta.
El sectarismo inocente nace de la nada, con la imposibilidad que representa nacer sin haber cruzado canales de parto, crecer sin haber despegado palmos del suelo, reproducirse sin ser fecundo y morirse sin haber vivido…y como tal, muere en la nada, ese, señoras y señores que tienen a bien escucharme o leerme. ese es el sectarismo inocente, simplemente un insignificante grupúsculo de perdedores, de ínfimos seres derrotados por si mismos, cercados por el vacío que han creado a su alrededor y reunidos consigo mismos, imposibilitados para reunirse con alguien más que ellos mismos, no san más que lo que son, simples negaciones de si mismos, objetos sin comprador, nulidades sociales, nada, nada, ni más ni menos que nada.
Doy paso a lo que son ya mis últimas frases referentes al sectarismo inocente y con ellas me acerco al final de mi ponencia clarificadora… y en un intento por demás demostrativo y ejemplificador de lo que hasta ahora sostengo, es decir, la inexistencia de una secta nombrada por todos como la de los Sectarios Inocentes, dispongo mis palabras para hablar de uno de los últimos documentos con los que cuento para detentar el poder que el conocimiento me otorga y que a ustedes les arrebata, se trata de una simple carta, algo así como la pretensión de ser – sin lograrlo - una epístola sacramental, lo que vulgarmente conocen como una carta de amor, esta es pues, la carta de amor de un sectario inocente a su amada.
No hay ya ni terrones de tierra entre mis dedos, he decidido cavarme la tumba sin robarme la tierra, guardarme en una cajita blanca con tocados en oro y plata, brillosos en color de alma negra, sin mirilla al frente alguna, abandonarme a la contemplación de los sueños de muslos blancos, de los sueños rizados, de los sueños de perros aullando, de los sueños de ojos azulesverdesnaranjas. 9
1 Enrique Díaz en Nayarit, el DF y Barcelona
2 wev_on en http://cuenterowev.blogspot.com/2007/07/hechos-de-muerte.html
3 Alejandra Pardo levantando a un animal caído.
4 Anónimo
5 Viejo relato oral indígena centroamericano (fragmento)
6 Joan Corderas en un madrugada variopinta de Albacete
7 Roberto Bolaño (Putas asesinas, Anagrama)
8 Elda Luyando en la única tarde sin lluvia de un agosto de Coyoacanense
9 Jordi Codina rodeado de la ausencia de sectarios inocentes.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Buenas tardes:
He leído en el cuentero dominical un auto sacramental del copón y querría decir que soy profesor de Literatura en Extremadura (Alemania) y que la cita 4 del trabajo de Jordi Codina es mía.
Publicar un comentario