viernes, 5 de octubre de 2007

Lacrimosa

Todos ellos empezaron a aparecer de forma más notoria justo después de terminada la guerra. Verdad es que antes también se les podía ver, pero verdad es, que eran escasos, definitivamente la época de mayor auge fue justo después de la guerra.
No se sabe exactamente qué fue lo que les provocó la enfermedad, las teorías médicas y las populares hablaban del misterioso Mal de la Letra o de la Enfermedad Vivida, incluso del Chasqueo (en alusión clara al sonido que provocaban cuando movían la quijada)…al fin teorías, vagas explicaciones sin fundamento alguno, de verdad ninguna.
Del auge de la post-guerra vino el declive, y hoy en día podríamos hablar ya de la desaparición total.
Yo soy uno de ellos y estas letras son mi único legado.
El fenómeno grotesco de nuestra existencia -si es que a esto se le puede llamar existir- se nos presenta a todos los que padecemos la enfermedad generalmente a temprana edad, una sensación de ardor recorre la piel por periodos prolongados, la desesperación que tal sensación provoca se vuelve insoportable en muy poco tiempo y el despellejamiento da inicio con la misma rapidez que la desesperación crece, en cuestión de pocos días y de forma irremediablemente creciente, nuestras vísceras quedan expuestas, no hay ya cuerpo que las contenga, el visible amasijo de vísceras, horrendo, aleja a todos de nuestro lado, el hedor es insoportable, lo es incluso para nosotros mismos. Nuestra penosa existencia está simplemente sustentada en cada acorde de la Lacrimosa de Mozart –en un fragmento de ella- solo así logramos despertar un día más, recoger con cierta delicadeza, incluso con pulcritud, aquellos restos viscerales que escaparon a perderse en la noche, esconderlos con vergüenza, cubrirnos con ropas que permitan el ocultamiento y volver a salir a la calle un día más, solo un día más.

Jordi

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