Si me fui fue porque ella me dijo que lo hiciera… antes de irme escupí al suelo y mezcle mi saliva con un poco de tierra, amasé un pequeña bola de barro y se la puse en el ombligo, “es nuestro hijo” le dije, ella nunca levantó la mirada de la tierra.
Cuando el tiempo empezó a moverse con su prisa de la tarde, le dije que era el momento de irme, apreté sus hombros nevados con fuerza y me fui.
Cargué con mi morral vacío, todo lo que era, todo lo que soy, ahora era de ella y estaba agarrado a su ombligo y por todo lo que hay dentro de su pecho, bajé por la única vereda que tiene éste miserable pueblo hasta el cruce de caminos en donde tomé el más recto, el de rumbo incierto.
Pronto la milpa cedió su paso al desierto, así es la tierra en éste valle elevado… y si me fui fue porque ella me lo pidió, “la paz por encima del amor” murmuró mientras se palpaba el vientre.
Allá arriba, en el pueblo, se quedó mi mar de olas amarillas y arena blanca, nuestro hijo de barro y mi alma negra y brillosa.
Por aquí en la vereda recta ha desaparecido el desierto para cederle su lugar al vacío.
Jordi
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario