Cuando miró la larga cola de niños en espera de las respectivas bolsas llenas de juguetes de plástico, se sintió realmente cansado, después se reconfortó un poco comparando su fama con las de sus vecinos; la cola de niños del Rey Baltasar, la suya, casi triplicaba a la de los otros dos magos monarcas, pensó que en realidad la jornada tampoco sería tan pesada ni tan monótona como en un principio le había parecido, incluso la repetición misma de frases casi idénticas dichas a cada uno de los niños le permitiría mejorar su acento en el idioma local, tal vez eso, y una carta dirigida así mismo con el regalo solicitado expresado de manera clara y concisa le darían la certidumbre que desde hacía meses venía buscando en su nuevo lugar.
Tan pronto terminó la entrega de la última bolsa de juguetes al último niño, buscó un rincón aislado dentro del pabellón deportivo habilitado como recinto mágico y monárquico, tomo papel y lápiz y escribió algo parecido a una solicitud de ampliación del periodo de regularización para inmigrantes, solo necesitaba el tiempo suficiente para obtener un trabajo que le permitiera la estancia legal en lo que el llamaba “su nuevo lugar” introdujo la carta en un sobre cerrado y se la dirigió al rey interpretado por si mismo, luego buscó al paje para entregársela, pero junto con los niños, también él se había ido.
Jordi
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario