lunes, 2 de julio de 2007

Cuento de Lejanía de los patos migratorios

Los Cuentos de Lejanía, como muchos otros géneros literarios, tienden al vampirismo, chupan las letras, es decir la sangre literaria de géneros ya existentes, no crean nada que no haya sido creado ya, uno de sus referentes vampirescos más claros es aquel, en que burdamente imitan a la fábula, no satisfechos con tal abuso, los cuentos de lejanía imitan mal a la fábula y en un acto totalmente fallido de separarse de ella, intentando burlarse de nuestra inteligencia, terminan el cuento de lejanía-fábula, sin ninguna moraleja, como si con esto se pudieran disfrazar las evidentes marcas de los dos colmillos en el cuello de Esopo. Sírvanse leer pues, lo que algún autor, pariente muy cercano de Nosferatu, pretende llamar un Cuento de Lejanía.

En el curso migratorio anual proveniente del África central y con rumbo al sur de Europa, un pato macho de pecho ambarino, especie cotizada solamente por las hembras de patos de pecho ambarino, y solo por algunas de ellas, perdió el rumbo, un simple y minúsculo fallo en la naturaleza lo desvió del curso trazado más por el instinto que por sus compañeros de vuelo, cuando no tuvo noción de donde estaba, notó que a su alrededor una pata, es decir una hembra de pato, solo que de la especie de pato blanco, volaba cadenciosamente unos metros a la derecha de él, con un aleteo específico para la ocasión, que consiste en girar el ala derecha de tal manera que se provoque una pequeña caída en picada por unos instantes y que se recupera la horizontalidad simplemente orientado correctamente el ala derecha previamente girada, intentó darle a entender a la hembra de pato blanco que estaba perdido y que estaba enamorado, como es lógico pensar, tal demostración de situación y sentimiento es absolutamente incomprensible para cualquier pato que no pertenezca a la especie de patos de pecho ambarino, la hembra de pato blanco lo miró de reojo y se atrevió a murmurarle que tal demostración de vuelo y caída libre eran excepcionales, sin mayor sentido, pero no por eso menos excepcionales, sin darle más vueltas al asunto, y aquí es importante recordar que de vueltas ninguna, que ambos lo que hacían era volar en línea recta, y que justamente el hecho de no haber dado la vuelta en el lugar y momento adecuados, había ocasionado la pérdida de rumbo de ambos, en el caso de la hembra de pato blanco, el autor no había indicado en ningún momento que estuviera perdida en vuelo, algunos lectores, si los hay, seguramente lo habrán intuido, el autor pide perdón a todos y les hace saber que sí, que efectivamente la hembra de pato blanco también estaba perdida. La conversación de ambos giró en torno, primero a la migración, después a la pérdida del instinto, y culminó con el amor, éste último, truncado por los dos primeros, lo que los había unido en vuelo ahora los separaba de igual manera, no sin antes jurarse por aquello que a cada uno le pareció lo más sagrado, que en la próxima migración de ambos volverían a encontrarse en igual tiempo y forma.
El pato macho de pecho ambarino, nuestro pato macho de pecho ambarino y nuestra hembra de pato blanco, llegaron finalmente a sus lugares de destino, pero aquel encuentro fortuito en vuelo, de la misma maneraque había creado algo sublime entre ellos, les había generado un desasosiego que les impedía llevar vidas relativamente comunes de patos ambarinos y de patos blancos, según sea el caso, y aquí permítanme aclarar que las diferencias entre los dos tipos de vida, si esque verdaderamente existen, son invisibles a los ojos del autor, mismo que jamás ha estudiado a conciencia las vidas de las aves migratorias, aclarado el punto anterior y volviendo a nuestro cuento de lejanía, un miércoles por la mañana, el pato de pecho ambarino despertó con tal desesperación en el alma que la fuerza conjunta de cuerpo y espíritu le trajeron ante si y de la nada, sin mediación de ningún tipo de lámpara, quinqué o algo que se le pareciera, a un genio, específicamente al Genio de los Patos, que para más detalles físicos corresponde en tamaño y formas a la idea que el lector se ha hecho de los patos de pecho ambarino y a las que se ha hecho de las hembras de pato blanco, solo que un poco más grande y éste sí, el Genio, con el pecho totalmente ambarino y las plumas inmaculadamente blancas, pasadas las formalidades de la presentación entre ambos y para no romper el largo historial que el Genio cargaba sobre sus alas concedió los famosos y recurrentes tres deseos, el pato de pecho ambarino no dudó ni un instante en formular el primero y tomando en cuenta la principal característica del carácter de los patos machos de pecho ambarino y que es, a saber, un ego desmedido, pidió para la hembra de pato blanco la capacidad de trasladarle y por completo, su propia interpretación del mundo, acto seguido formuló su segundo deseo en el cual solicitaba para si mismo y de forma inmediata que le fuera trasladada a él, la absoluta capacidad interpretativa del mundo de la hembra de pato blanco, éste segundo deseo no dejó de sorprender al Genio de los Patos ya que en el subyace un incipiente pero evidente símbolo de humildad, nada característico en el carácter de los patos machos de pecho ambarino, las primeras reacciones de ambos patos tras la concesión de los dos deseos, generaron, interpretaciones distintas a las previamente concebidas por ellos y lo que siempre había sido interpretado como un conejo para nuestra hembra de pato blanco y como un elefante para nuestro pato macho de pecho ambarino, de pronto invirtieron tales interpretaciones y aquel animal de orejas largas, cola pequeña, y grandes patas dejo de ser un conejo para volverse un elefante y viceversa, el estupor con el que miraron aterrorizados tal acontecimiento está por demás comentarlo, supongo que por eso es que el pato macho de pecho ambarino se precipito en la formulación del tercero de sus deseos, el cual consistía en el traslado inmediato de él y de la hembra de pato blanco a un lugar simplemente paradisiaco, exactamente ésta fue la palabra que el pato utilizó para describirlo, y fue aquí, justamente aquí, cuando el genio guardó un largo silencio, inmóvil ante todo dejó que el tiempo transcurriera lentamente, cuando menos esa fue la sensación que tuvieron tanto el pato de pecho ambarino como la hembra de pato blanco que seguían sin soportar las visiones del conejo y del elefante, tras la larga espera, el Genio de los Patos aleteó, teatralmente sacó el pecho e inclinó hacia atrás un poco la cabeza, acto seguido y con un rotundo no, evadió la concesión del tercero de los deseos, argumentó que tal deseo no le era permitido otorgar, que deseos como aquel eran solamente concernientes a la especie humana, que solo ellos y no todos, creían en la posibilidad de la existencia de lugares paradisiacos, que tal abstracción era absurda y muy humana y aquí, burlonamente, utilizó ambas palabras como sinónimos, el Genio de los Patos volvió a aletear, volvió a negar rotundamente y sin mediar mayor explicación, se esfumó. Jordi

1 comentario:

cristina orozco cuevas dijo...

Me agradó bastante tu cuento, la lectura un tanto de mantener la concentración, pero interesante. Yo creo que aunque los patos siendo tan distintos e interpretando sus mundos de formas tan distintas a la vez, finalmente son patos y quizás esa visualiación y forma diferente de ver dos mundos es lo que hace aún más enriquecedora la existencia y más complejas las relaciones interpersonales.Ahora que la búsqueda de lo paradisiaco es parte de la incoherencia y la búsqueda de placer que idealiza el hombre y que busca como excusa o escape de su mundo real.