martes, 3 de julio de 2007

Montañoso

El que viene de las montañas mira en el Valle la salvación, el paro existencial, se trepa al Ruta 57 con la esperanza prendida del estribo y de la Cumbia Sampuesana, se aguanta ante la algarabía gritada de la infancia que los fines de semana desciende al Valle Macizo, se aguanta la falta de coordinación motriz del chofer Dual y la obsesión burguesa de poner macizos de concreto entre sus moradas y el asfalto proletario y comunitario, camina con aplomo entre las cercanías a la boca del Metro más cercana,
“justo donde empiezan las bocas de Metro empieza la vida en el Valle”,
se deja tragar por las gargantas profundas formadas por decenas de bandas sinfín y escalonadas, en veces apagadas, en veces prendidas, desciende con el aplomo perpetuo en el andar y el temor en el alma, el que viene de las montañas se detiene justo antes de la raya amarilla y espera, el que viene de las montañas tiende al respeto de las normas de la máquinas que impiden el acceso antes del ingreso.
El que viene de las montañas se mira en el reflejo distorsionado de los acrílicos ventanales entre túneles pletóricos de ductos coloreados, transborda y aborda para volver a transbordar.
El que le llega de las montañitas se pone a leer cartas de un hijo con apellido de cuervo destinadas a su padre negociante, mientras emprende la espera, la espera, la espera que espera.
El que baja al Valle espera sentado en el caluroso andén intestinal.
Justo cuando la espera se quiebra en forma de ascenso al Valle, al montañés le da por el llanto fácil, en una clásica referencia al “Síndrome del Jamaicón” quiere de la vuelta a la Montaña, quiere volver al cobijo que siempre otorga una calle millones de veces pisada y una tienda miles de veces visitada para mercar caguamas cientos de veces bebidas en cuartos decenas de veces visitados de uno en uno.
El que viene de las Montañas, siempre vuelve a ellas, con un pequeño aliento de victoria que conquista valles desde las alturas montañosas, pero con la certidumbre interna de que una vez más lo ha perdido todo.
Jordi

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