sábado, 21 de julio de 2007

El semáforo

El semáforo cambió al color amarillo y seguidamente, como es costumbre, al rojo.
Detuvo el coche e inició uno de los procesos de autosatisfacción más gratificantes para él, con cuidado, pero con la obsesión y el manejo de la técnica aprendida con el paso de los años, hurgó sus fosas nasales, primero una, después la otra, primero el índice, después el meñique, Wu Tang Clan rapeaba en el cd y generaba movimientos acompasados en los dedos y fosas, la mirada perdida en un vacío lleno de coches se detuvo en el dedo perfilado que se introducía de manera sistemática en la fosa nasal derecha de una nariz femenina y recta, absorto, el voyeurista contemplaba; ella giró el cuello y posó la mirada sobre las dos falanges visibles del índice derecho, sonrió, abrió la puerta del coche y caminó hacia las fosas nasales, mientras él continuaba mirando fijamente la rectitud de la nariz hurgada, cuando llegó a la ventanilla abierta del coche, dirigió su mirada a la de él y con cuidado extrajo de su bolsa un puño de polvo blanco que depositó sobre sus manos, sonrió y lamió el cordón de sangre que llegaba hasta sus labios

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