Francamente no te quiero abrumar con falsas historias, ni que pierdas el tiempo leyendo algo que seguramente no tiene ningún puto interés ni para ti, ni para nadie, yo se, tú sabes, que esto: la escritura, es parte de la medicación, una parte más, insignificante, pero importante al fin, cuando menos eso es lo que nos dice cada mañana, bueno,casi cada mañana, el médico de turno: el Dr. Alberto los lunes, miércoles y viernes; el Dr. Jesús los martes, jueves y sábados, para los domingos nos habla el eco de ambos.
Después de tanto escucharlo, tantas veces repetido, siempre lo mismo, hasta el hartazgo, me he decidido a hacértelo saber, a hacérmelo saber, “una dosis de letras contra el dolor y el olvido” dice el Dr. Alberto pausadamente mientras finge anotar algo en la libreta marrón que guarda en la bolsa grande y superior de su bata blanca, la bolsa del águila verde cobijadora de fetos sindicalizados y mamadores de leche materna en polvo, es así que la esencia de lo que te quiero decir, de lo que me quiero decir, es fácil de resumir, fácil de concretar:
Yo, lo que quiero para mi, es su amor de puta.
No se cómo es que suena, o cómo es que se lee, cómo es que suenan en mi cabeza, en nuestra cabeza, las letras juntándose para decirme y decirte que yo, lo único que quiero es su amor de puta.
Quieres que sea menos concreto, que parta de algo, que deje de hacerme efecto la medicación, la doble medicación de hoy para tratar de evitar los temblores de los párpados, los labios y el alma, o tal vez justamente para provocarlos. No puedo, te recuerdo y te repito que hoy es miércoles o viernes y toca doble medicación, pero te puedo asegurar que independientemente de los miligramos suministrados, yo, lo único que quiero para mi es su amor de puta, de puta simple, de puta de Avenida de Circunvalación.
Creo que no te he dicho que llevo tiempo viviendo en ésta ciudad concéntrica, nunca he vivido en el primer círculo, el Círculo de Piedra, tampoco he podido vivir en el tercer círculo, el Círculo de Tierra, todo lo mío vivido y dormido, que es lo mismo, pero uno es mejor, lo he dormido en el segundo círculo, el Círculo de Asfalto… pero ambos sabemos que con ella casi vivía y dormía en el Círculo de Piedra, el primer círculo, el que tiene su centro en el asta bandera del Zócalo, justo donde penetra el meritito Ombligo de la Luna y también ambos sabemos que Chalco, capital absoluta del Círculo de Tierra, también lo es de nuestro centenar de camas alineadas donde duermo y dormimos, que es lo mismo que vivir, pero es mejor.
Yo siempre, tu lo sabes, yo lo se, me muevo en los círculos del Ombligo de la Luna, ahora, y tu también lo sabes, yo solo me muevo en el Círculo de Tierra y en un espacio reducido y acotado por muros tangenciales… la reclusión, dice el Dr. Jesús, también es parte de la medicación, “¡parte insignificante!” nos grita riéndose desde el lado del muro que dice está pintado de verde y que francamente no le creo porque éstas instituciones, sino mal recuerdo, tienden a estar pintadas de blanco.
En los círculos del Ombligo de la Luna me muevo buscando, siempre buscando, casi siempre buscando, tampoco es cierto que algún día buscara su amor de puta, no, es que un día, su amor de puta estaba allí, justo en medio de un par de culos grotescos de payasos “salinistas” decadentemente enmascarados, justo enfrente de un ciego vendiendo audio comprimido en formato mp3 que le contiene todos los éxitos de la Banda del Recodo de Don Cruz Lizárraga, tu sabes que aquí dentro del metro las voluntades no parten de los cruzamientos de las miradas, de los gestos asumidos, como allá afuera, aquí dentro, las voluntades parten de los arrimones corporales, desde la simpleza que permite Pino Suárez, Hidalgo o Tacubaya donde el cuerpo se arrima involuntariamente, hasta la complejidad de Norte 45, San Pedro de los Pinos o Apatlaco, donde la voluntad es la de la especie humana y se hace simplemente presente, así nomás.
Ella, mi amor de puta, es de Coyuya, de Coyuya lo es para mi, ella es de Anillo de Circunvalación, laboralmente lo es, solo laboralmente, porque natalmente no, natalmente es de Jalisco, de Ayotlán, Jalisco (antes Ayo el Chico), vivencialmente es de su azotea; dormido, yo soy de su azotea también, despierto soy, ahora soy de la reclusión en el Círculo de la Tierra, en la Institución de paredes blancas o verdes, depende a quien le creamos, pero dormido soy de la azotea de mi amor de puta.
Ese día, el primero de los días te llevé, quiero decir que la llevé conmigo al firmamento de los Dioses de la Ciudad del Ombligo de la Luna, escuchamos a los profetas pulqueros de La Pirata, yo incluso les miraba la frente y los ojos que hablaban más que sus bocas pegajosas de “menru”, mientras tu los escuchabas desde el departamento de mujeres, solo los huevos cocidos y las pepitas mantenían la unión inter-departamental.
Me llevaste contigo al techo del Ombligo de la Luna, de la Ciudad Concéntrica, repleto de tanques de gas pintados de verde, de piletas húmedas y de perros encabronados con un destino que les obliga a mirárselo todo desde las alturas a las que han sido recluidos, te recostaste en el colchón ensabanado y me hiciste dormir a tu lado, recorrer con mi dedo el piercing plateado que penetra tu ombligo, te abriste de piernas y te llenaste la mano de mi dinero, el que corresponde al pago de tu amor de puta.
Será que estabas muy cansada, será que tenías frío, no entiendo el porque, pero simplemente te dormiste sin pedirme que me fuera.
De pronto, y tú lo sabes, descubrí que podía vivir como si estuviera dormido, a quién más pedirle la vida sino a quien otorga con estertores la muerte chiquita, si una puta no sabe de su oficio de puta, lo que en realidad viene a hacer es oficiar su misa mortuoria, no hay nadie más vivo que una puta, no hay nada más muerto que nosotros, que yo que me he enamorado de la vida de una puta, de su amor de puta, siempre le digo lo mismo al Dr. Jesús y el sonríe mientras me explica una teoría que vincula el aprendizaje de las matemáticas con el desconocimiento de las mujeres, la diferencia es que él puede salir de la institución y yo, que vine a ella de manera voluntaria, ahora no puedo salir y resulta que también esto es parte de la medicación, resulta que la reclusión es parte de la medicación.
Así dormido, el martes cuando volvías temprano de Anillo de Circunvalación y te dio por besarme y abrazarme, a mí me dio por sellar tu amor de puta mojando tu axila con la humedad de mi lengua, mi humedad interna y reposada tocando tu humedad externa y trabajada, ya después, no se que es lo que pasó.
Entramos en una espiral finita, concéntrica como todas, finita justo en la llegada a su centro, vinculada al aprecio irrenunciable por la persistencia de la vida humana, persistencia coital, justo así empezaste a abrir las piernas, justo entonces las empezaste a abrir con la única intención de cobrar fecundaciones ovulatorias, nada de dinero, simple cobro en especie, en la procreación de la especie.
Empecé a dormir con dificultad, que es peor que vivir, a despertar soñándote preñada, pariendo con una sonrisa llenándote la cara, empezaste a dejar de ir a trabajar a Circunvalación, a enumerar nombres en ambos sexos, a mencionar todos los oficios distantes al tuyo, a mirar los anuncios de los departamentos en renta, a preguntar por mis antepasados y mencionar a los tuyos.
Como lo he dicho siempre, desde antes de llegar aquí hace ahora tres o treinta años, no lo se y tampoco importa, yo, lo que quiero para mi es su amor de puta y siguiendo con la medicación alternativa te escribo algo que seguramente no leerás, pero que irremediablemente y mientras lo escribía, yo he ido leyendo.
Traté de irme, de esperar el día en que volvieras a la calle a trabajar, cuando menos esperar el día en que te fueras a ver un departamento en renta y no quisieras que yo me lo mirara también.
Hay días que no llegan, en la Ciudad Concéntrica los días y las noches que le van tocando a cada día intercambian sus lugares para sentirse nuevas o diferentes, en la Ciudad del Ombligo de la Luna solo el viento persiste, cambia de olor, pero persiste en sus trayectos, repite sus direcciones, cumple consigo mismo, con él me fui, fue sencillo, solo copiar su movimiento, desde el inicio del mover del viento hasta el final del mover del viento, que en la Ciudad Concéntrica, por obvias razones, se facilitan las cosas.
Atravesé los tres círculos casi sin detenerme, casi sin pisarlos siquiera, no toqué la piedra, ni el asfalto, la tierra si, en el Círculo de Tierra incluso pude volver a dormir, que es como vivir pero sin el dolor de hacerlo.
Miré el muro tricolor, que en aquella época lo era y que ahora dice el Dr. Jesús que es verde y yo creo que es blanco, casi estoy seguro de que es blanco porque éste tipo de instituciones tienden a pintarlas de blanco, lo miré y toqué la puerta enrejada y enorme, sin asideros, alguien me hizo pasar.
Para cuando me leas y yo me lea a mi mismo, estaré perfectamente dormido que es mejor que estar vivo, infinitamente mejor.
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2 comentarios:
así que te gustan los amores de puta, aunque yo no lo llamaría amor, sino tu sabes otra cosa jajaja.
neta a poco no es padre la autoterapia escribiendo? al menos eso es lo que ayer me dijo un amigo y es verdad sirve para solventar algún dolor o por lo menos autoayudarnos, preguntarnos a nosotros mismos y cuestionar nuestra existencia.
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